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Downing Street, una residencia tan discreta como deseada

10 de Downing Street: un edificio conocido en todo el mundo, a veces incluso por un simple número: el diez. Sinónimo de la sede del poder del

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Downing Street, una residencia tan discreta como deseada

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10 de Downing Street: un edificio conocido en todo el mundo, a veces incluso por un simple número: el diez.

Sinónimo de la sede del poder del Gobierno del Reino Unido, es el lugar donde vive el primer ministro y donde se toman todas las decisiones importantes.

Solo con decir “number ten” se entiende en el Reino Unido, que uno se refiere al Diez de Downing Street.

A pesar del simbolismo se trata de un edificio sencillo en una manzana de barrio. Eso sí, situado a dos pasos del Big Beng, y creando un estratégico triángulo de poder con el Parlamento británico y el Palacio de Buckingham.

Respecto a las residencias de otros líderes mundiales, no es un gran edificio diseñado para hacer declaraciones al mundo entero.

En términos puramente arquitectónicos el Diez de Downing Street no puede competir con la Casa Blanca, el Palacio del Elíseo o el Hôtel Matignon en París.

Incluso Chequers Court, la casa de campo del Primer Ministro del Reino Unido, una mansión señorial del siglo XVI, tiene más prestancia.

Entonces, ¿cómo ha conseguido Downing Street tanta importancia a nivel mundial?

Según su sitio web oficial, el Diez de Downing Street lleva siendo la residencia oficial del primer ministro desde 1735. Y fue un regalo del rey Jorge II a sir Robert Walpole como agradecimiento a los servicios prestados a la nación.

Originalmente eran tres casas: una mansión con vistas a St. James’s Park llamada “la casa de atrás”, una casa modesta situada detrás en el número 10 y una pequeña cabaña al lado del número 10.

Su nombre proviene de Sir George Downing, político y diplomático versado en el sector inmobiliario que compró la calle en la década de 1680. El edificio fue reconstruido por el arquitecto mítico Sir Christoper Wren, célebre por el papel que desempeñó en la reconstrucción de Londres tras el gran incendio de 1666.

Pero el edificio se reconstruyó rápidamente y con materiales de baja calidad lo que contrastaba con las normas arquitectónicas del elegante barrio.

Muchos de los Primeros Lores decidieron no vivir en el número 10 porque la casa era incómoda y peligrosa. Era propensa a hundirse debido a que había sido construida en un suelo blando y con pocos cimientos, se producían grietas y fisuras en paredes y chimeneas.

El edificio necesitaba reparaciones muy a menudo y en 1766, el Ministro de Hacienda británico señaló que la casa estaba en un estado ruinoso.

A finales del siglo XIX, el barrio de Downing Street se volvió cada vez más decadente. Rodeado por casas bajas, callejones oscuros, delincuencia y prostitución, se trataba de un lugar poco recomendable.

Ya en el siglo XX, Arthur James Balfour revivió la costumbre de tomar el número 10 como residencia del Primer Lord y del Primer Ministro. Esta costumbre se ha mantenido desde entonces.

Winston Churchill tuvo gran afecto al Número 10. Durante la Segunda Guerra Mundial, Churchill fue fotografiado en muchas ocasiones saliendo del Número 10 realizando la “V” de victoria con los dedos:

Pero es la famosa puerta del número 10, con su valla de hierro negro y su lámpara de gas rematada por una corona, lo más emblemático de esta residencia tan discreta como deseada.

Por el umbral de esa puerta han pasado políticos y celebridades. Ante el número 10 se han agolpado millones de personas para todo tipo de protestas, y no solo simples visitantes o turistas.

Su Majestad la Reina Isabel de Inglaterra ha asistido excepcionalmente a alguna reunión de gabinete en Downing Street y no solo para tomar el té…

¿Quién residirá en el número 10 en los próximos años? El próximo inquilino sabrá de lo que hablamos.