Última hora

Última hora

Los rastreadores de cadáveres de la Segunda Guerra Mundial

Durante muchos años, han pasado la primavera hundidos en el barro de los intransitables bosques rusos. Pero no son turistas ni están practicando un

Leyendo ahora:

Los rastreadores de cadáveres de la Segunda Guerra Mundial

Tamaño de texto Aa Aa

Durante muchos años, han pasado la primavera hundidos en el barro de los intransitables bosques rusos. Pero no son turistas ni están practicando un deporte extremo. Son voluntarios que buscan los restos de los soldados que participaron en la Segunda Guerra Mundial.

“Primero vi la máscara de gas. Debajo había un cráneo aplastado …. Y aquí se puede ver la clavícula y los huesos de las manos.”

En estas imágenes, se perciben los huesos de uno de los 4 millones y medio de soldados soviéticos que desaparecieron durante la Segunda Guerra Mundial. Han pasado 70 años, pero la mayor parte de los soldados que salvaron a Europa de Hitler siguen pudriéndose bajo tierra, en algún lugar entre Moscú y Berlín. El equipo de rastreadores “Obelisco” peina la región de Smolensk, a 300 kilómetros al oeste de Moscú.

“Aquí hay por lo menos dos personas, porque hay cuatro piernas. Pero por ahora, sólo hemos dado con una cápsula con un mensaje no convencional. Creo que conseguiremos leerlo.”

Cápsulas de identificación, cascos, armas de fuego, granadas podridas…todos los objetos encontrados en las expediciones forestales forman parte de la exposición permanente del museo que el equipo Obelisco ha creado en una escuela de Moscú. Para un rastreador la verdadera suerte es dar con una cápsula bien conservada con datos sobre el soldado. Es la mejor posibilidad de identificar a una persona fallecida y de localizar a sus familiares.

Mikhail Polyakov, jefe del equipo de rastreadores “Obelisco”:
“Esta es la foto de Andrey Ilshaev. Hemos encontrado su cápsula de identificación y ponía que era de Moscú, concretamente de un pueblo que se llama Tarasovskaya. Con esta información en el bolsillo, cogí un tren y fui al pueblo. Cuando llegué, fui a la calle mencionada, y vi a una anciana, una babushka y le pregunté: “Dígame, por favor, sabe si Andrey Ilshaev vivió aquí?” Ella me miró y dijo:” Sí, es mi marido. En febrero de 1942 se fue a la guerra, y desde entonces no he tenido noticias de él.”

Sin embargo, dar con una cápsula de identificación o con pertenencias personales bien identificadas no deja de ser un golpe de suerte poco frecuente. De los más de dos mil soldados que ha encontrado el equipo “Obelisco”, sólo han podido identificar 74.

Dmitry Kluchnikov, miembro del equipo de rastreadores “Obelisco”:
“Operamos en suelos que son en su mayoría de arcilla y ácido. Por eso algunos restos se disuelven. Vemos las siluetas, pero cuando tratamos de mover los restos, se desintegran como el polvo. Si el suelo es ácido, hay muy pocas posibilidades de extraer materia orgánica. Cuando se produce la reacción química, sólo quedan esqueletos de calcio.”

Los soldados desconocidos son enterrados en cementerios pequeños, a veces en el bosque, pero con honores militares y siguiendo el rito ortodoxo.

En cuanto a los motivos de participar en esta búsqueda, casi todos los voluntarios evocan su historia familiar. Nikita,12 años, y Mariana, 14, son alumnos de la escuela donde el equipo de búsqueda creó su museo. Mariana va a participar por primera vez. Nikita ya lo ha hecho en dos ocasiones. También ha fabricado maquetas de coches y tanques de la Segunda Guerra Mundial para el museo.

Nikita Tarasenkov:
“Sólo quiero que la gente sepa que estos soldados lucharon por nuestro país. No quiero que les olviden.”

Mariana Chudinova:
“Mi abuelo murió en un tanque durante la guerra, y años más tarde le encontró un equipo de rastreadores. Me alegra saber que ahora sus restos reposan en una tumba.”

Una guerra no ha terminado hasta el último de sus soldados ha sido enterrado, dicen los rusos. Por eso, para muchos en la actual Rusia, la Segunda Guerra Mundial no ha terminado aún, aunque hayan pasado 70 años.
Cada primavera, cientos de grupos de rastreadores peinan los bosques enfangados. Para enterrar a sus soldados. Y para enterrar la guerra.