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Vivir como en Marte en el desierto de Utah

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Vivir como en Marte en el desierto de Utah

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Esta es la superficie de Marte vista a través de las fotos del rover de la NASA Curiosity. Se caracteriza por un relieve con formas muy variadas

Esta es la superficie de Marte vista a través de las fotos del rover de la NASA Curiosity. Se caracteriza por un relieve con formas muy variadas: cráteres de meteoritos, volcanes gigantes, profundos cañones, inmensas cadenas de valles, campos de dunas e importantes sistemas de fallas, es decir, grietas en su corteza.

Este paisaje es muy similar, pero corresponde a la Tierra. Concretamente, al desierto de Goblin Valley, en el corazón de Utah, Estados Unidos. El entorno es exclusivamente mineral. No hay agua, por tanto, tampoco hay vida. Las piedras parecen gnomos o champiñones.

Es el lugar elegido por la Mars Society para realizar experiencias de simulación de la vida en Marte. Seis estudiantes de la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica, participan en un proyecto científico llamado Misión a Marte. Consiste en vivir durante quince días en el interior de una estación en pleno desierto de Utah y simular allí las condiciones de vida del planeta rojo.

“Si miras la superficie de la tierra aquí contiene mucho óxido de hierro, es muy roja y el relieve es muy accidentado”, comenta Bastien Mathurin, comandante de la misión. “Por lo que es muy similar a lo que puedes encontrar en Marte”.

Deberían estar medio congelados, porque en Marte las temperaturas descienden hasta los sesenta grados bajo cero. Pero aquí, en cambio, pasan realmente calor.

“Tengo dos fuentes de aire, pero no son suficientes”, se queja Romain Compère, uno de los estudiantes. “Están hechas para refrescarnos, pero no son óptimas. Hace mucho calor”.

Los estudiantes deben realizar pruebas científicas como si se encontraran en Marte. En estas imágenes miden el lecho de un río seco. El terreno no les ayuda demasiado. Es polvo muy resbaladizo.

“He tomado una muestra de tierra y coordenadas de GPS”, cuenta el ingeniero Gaspard Touwaide. “Luego Florian podrá analizar las bacterias presentes en este suelo”.

En esta estación, en la que los estudiantes viven durante la misión, Florian Commans, el biólogo, analiza el material recogido.

“Estoy intentando identificar las bacterias haciéndolas crecer en diferentes ambientes y realizando diversas pruebas”, explica el biólogo Florian Commans.

Periodista: “¿Este es el tipo de experimento que un biólogo haría en Marte?”

“Sería prioritario intentar ver qué bacterias podríamos encontrar en Marte”, dice Florian. “Está claro que no habría bacterias en la superficie por las radiaciones ionizantes que imposibilitan la vida. Pero unos pocos metros metros bajo tierra sería posible encontrar bacterias”.

El habitáculo es circular, una réplica perfecta de una sección de un cohete que podría posarse sobre el planeta rojo. Los seis estudiantes viven la mayor parte del tiempo recluidos en este espacio de cien metros cuadrados de superficie y ocho metros de diámetro, incluidas planta baja y primer piso. La vida en el interior de la base es espartana. El agua está racionada. Simulación obliga, y los seis jóvenes deben consumir únicamente alimentos liofilizados, igual que los astronautas. Las habitaciones, los únicos espacios privados, son minúsculas.

Los estudiantes, en vehículos todoterreno, prueban la conexión wifi en torno a la base.

Periodista: ¿Esto es un colador?

“Sí, un simple colador puede emplearse como una lente y concentrar todas las señales en la antena”, indica Touwaide.

El objetivo de la misión, determinar la mejor manera de explorar Marte. La vida cotidiana forma parte de la experiencia.