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El gran poder de captación del grupo EI en Occidente

El buen manejo de las redes sociales por parte de los yihadistas del Estado Islámico ha provocado un reclutamiento masivo de jóvenes en los países

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El gran poder de captación del grupo EI en Occidente

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El buen manejo de las redes sociales por parte de los yihadistas del Estado Islámico ha provocado un reclutamiento masivo de jóvenes en los países occidentales. Miles de voluntarios, sin mucho conocimiento del Islam, se han unido a sus filas.

Reda Nidalha nació y se crió en Leiden, Países Bajos. Su familia le envió a casa de su tío en Bélgica y fue allí donde conoció a militantes del grupo. Se radicalizó en dos meses para sorpresa de su padre, que asegura que le lavaron completamente el cerebro:

“Esas personas son profesionales. Saben exactamente cuál es su presa. Escogen la presa más fácil, a la que puedan lavarle el cerebro más fácilmente”.

A miles de kilómetros de distancia, en Georgia, dos adolescentes de 16 y 18 años salieron de sus casas como cada día para ir al colegio. Es la última vez que se les vio en el pueblo. Se escaparon para irse con los yihadistas.

“Cuando repites todos los días a un joven de 16 o 18 años que la yihad es lo mejor y que te llevará al paraíso, que recibirás muchas cosas a cambio… estos chicos pensarán que es lo correcto”, se lamenta la madre de uno de ellos.

Según los expertos, el grupo radical ha penetrado tanto en los países occidentales porque ha sido el primero en publicar su propaganda en los principales idiomas europeos.

“Desde 1945 no ha habido ni un solo conflicto en el mundo musulmán que haya atraído a tantos extranjeros como este. Por supuesto, mucha gente se toma la religión muy en serio y han ido conscientemente porque para ellos representa su utopía, su utopía religiosa. Hay otras personas a las que le atrae más la aventura, la emoción”, cuenta Peter Neumann, director del Centro Internacional para el Estudio de la Radicalización del King’s College de Londres.

Los gobiernos empiezan a darse cuenta del peligro que suponen estos jóvenes que han estado en Siria. Cuando vuelven son un verdadero problema para la seguridad. Se han radicalizado y pueden atentar contra su propio país.

“Imagine que mi hijo vuelve. ¿Qué clase de persona será?” se pregunta Mohamed Nidalha, padre de Reda. “No será el mismo de antes, será una persona completamente diferente. El Gobierno holandés podría haberlo evitado. Porque mi hijo está aprendiendo cosas en Siria, ahora mi hijo podría hacer una bomba, incluso puede que haya aprendido a disparar”.