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Seres humanos aumentados gracias a la tecnología

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Seres humanos aumentados gracias a la tecnología

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Sandro Portner no necesita utilizar sus llaves para entrar en casa. Puede desbloquear la puerta con un simple gesto. Portner ha querido hacer de sus

Sandro Portner no necesita utilizar sus llaves para entrar en casa. Puede desbloquear la puerta con un simple gesto. Portner ha querido hacer de sus manos una extensión tecnológica de su cuerpo implantando dos microchips de identificación por radiofrecuencia.

Por ahora sus posibilidades de uso son limitadas pero Portner puede presumir ya de pertenecer a la primera generación de seres humanos aumentados.

Abrir puertas, encender teléfonos inteligentes… Muy pronto podrían aparecer nuevas aplicaciones ya que este nuevo sistema seduce a una clientela cada vez más variada. Del tamaño de un grano de arroz y rodeados de vidrio bioactivo, estos chips no producen ningún efecto en el organismo.

¿Pero esta nueva tecnología es realmente útil?

Para Daniela Cerqui, antropóloga suiza y experta en el asunto, esta no es la pregunta correcta:

“La noción de utilidad es algo que evoluciona. Hoy formamos parte de una sociedad consumista en la que ponemos el listón cada vez más alto. Hay cosas que hoy nos parecen inútiles o ridículas pero que mañana podrían ser indispensables porque nos habremos acostumbrado ya que técnicamente son realizables”.

Al menos en el campo de la medicina estos implantes serán indispensables, aseguran los expertos. En la Escuela Politécnica Federal de Lausana, un investigador ha desarrollado un microchip de identificación por radiofrecuencia capaz de hacer, por ejemplo, un seguimiento de las moléculas de colesterol.

“Estos microchips pueden ser útiles de muchas maneras. Por ejemplo, en la oncología, podemos medir los medicamentos anticáncer que deben ingerir los pacientes. Podemos controlar las dosis de una manera mucho más eficaz y correcta”, asegura Sandro Carrara.

En una oficina de Estocolmo, este nuevo sistema de identificación por radiofrecuencia permite a sus usuarios abrir puertas, intercambiar contactos o utilizar la fotocopiadora.

Ahora los diseñadores de estos microchips exploran la posibilidad de desarrollar nuevos productos y servicios gracias a esta tecnología.

Según algunos expertos, la cantidad de metal que llevan hoy incluidos los chips es muy pequeña evitando así que haya problemas en los detectores del aeropuerto, por ejemplo. Tampoco existen riesgos a la hora de utilizar un horno de inducción o durante una resonancia magnética.

Los expertos aseguran además que se trata de un sistema seguro ya que no permite la instrusión en la vida privada de las personas que llevan implantados los microchips.