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Museo Guggenheim de Helsinki, un proyecto que no cala entre los finlandeses

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Museo Guggenheim de Helsinki, un proyecto que no cala entre los finlandeses

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De momento no es más que una maqueta, pero el que será el nuevo Museo Guggenheim de Helsinki, un proyecto de 130 millones de euros, ya es objeto de

De momento no es más que una maqueta, pero el que será el nuevo Museo Guggenheim de Helsinki, un proyecto de 130 millones de euros, ya es objeto de polémica.

El diseño ganador en la capital finlandesa para el futuro museo fue presentado por dos arquitectos: la japonesa Hiroko Kusunoki y el francés Nicolas Moreau, ambos establecidos en París. Su propuesta resultó elegida entre seis finalistas, después de que se presentasen en total 1.700 de 77 países distintos.

“El concepto es la apertura y la transparencia a escala humana. También se trata de conectar la ciudad con el propio museo, por eso lo llamamos ‘Arte en la Ciudad’”, explican los arquitectos.

“Creo que respeta mucho el diseño de las calles, respeta la herencia de los bosques, que son algo básico en Finlandia. Tiene una relación íntima con el mar, que es otro aspecto clave de la naturaleza finlandesa”, defiende por su parte Richard Armstrong, director de la Fundación y el Museo Solomon R. Guggenheim.

“Da la impresión de que siempre ha estado aquí. Es muy interesante hacer un proyecto que parezca que ha sido parte de Finlandia, pero que también es algo nuevo”, añade el profesor Mark Wigley, miembro del jurado del concurso y decano emérito de la Escuela de Arquitectura, Planificación y Preservación de la Columbia University.

Sin embargo, a los costes de construcción hay que sumar la licencia algo superior a los 20 millones de euros que se debe pagar a la fundación Guggenheim. La ciudad ha reservado además un solar bastante valioso en el puerto local para su ubicación.

La doctora Kaarin Taipale es una investigadora urbana, además de política. Como muchos aquí, recela del hecho de entregar fondos públicos a una institución privada estadounidense y cree que ese dinero se podría invertir mejor.

“Es muy injusto, porque la ciudad tendría que pagar todo. No solo la construcción. También tendría que ceder gratuitamente el emplazamiento y pagar al personal y el mantenimiento, lo que supondría al menos siete millones de euros al año para las arcas de la ciudad, ahora que se están haciendo recortes en muchas áreas”, declara.

El Helsingin Sanomat es el periódico finés de más tirada y ha analizado la opinión pública sobre este proyecto. A finales de 2012 realizó encuesta que mostró que tres cuartas partes de los habitantes de Helsinki están en contra, una postura confirmada por otros sondeos posteriores.

Finlandia sigue en recesión y el gobierno está aplicando recortes que afectarán al estado de bienestar del país.

“El concepto del Guggenheim es muy caro para Finlandia. Eso es lo que cree la gente. Además, tal vez la gente no cree que los beneficios vayan a superar los coestes. Son muy excépticos y consideran que un museo no debería ser la prioridad a la hora de invertir porque se está pasando por una mala época, como en el resto del mundo”, declara Hanna Mahlamäki, máxima responsable del área de Cultura de la publicación.

Ante tal resistencia, aquellos que apoyan el proyecto han respondido. Tras la presentación del diseño ganador se realizó un debate público para que la gente preguntase a los arquitectos responsables.

“Creo que es fantástico, es un honor y una gran oportunidad para Helsinki tener este museo Guggenheim. Espero que la iniciativa siga adelante”, decía uno de los asistentes, mientras que otro invitaba al análisis: “Por supuesto que es una franquicia muy sólida a nivel cultural, pero Finlandia también es muy fuerte a la hora de crear sus propias marcas. Invirtiendo tal cantidad, podríamos crear nuestro propio proyecto y eso es algo que merece una reflexión”.

Cuando los responsables de Helsinki empezaron con el proyecto Guggenheim, esperaban que se produjese el llamado “Efecto Bilbao”, con un gran centro cultural que ayudó al relanzamiento económico de la ciudad, tal como ocurrió en la localidad española con su propio Guggenheim.

Los detractores del Guggenheim Helsinki han creado Next Helsinki, una organización que lanzó una “anticompetición”, solicitando a arquitectos, urbanistas, artistas, activistas, políticos y estudiantes que presentar sus contrapropuestas.