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Japón: un pueblo contra la energía nuclear

Las conmemoraciones por el por el bombardeo nuclear de Hiroshima y Nagasaki han cobrado mayor trascendencia aún desde el accidente de Fukushima. Casi

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Japón: un pueblo contra la energía nuclear

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Las conmemoraciones por el por el bombardeo nuclear de Hiroshima y Nagasaki han cobrado mayor trascendencia aún desde el accidente de Fukushima. Casi siete décadas después de que las bombas atómicas arrasaran Japón, la central nuclear de Daiichi sufría el once de marzo de 2011 la peor fuga radiactiva desde la tragedia de Chernobil, en 1986.

Es cierto que lo sucedido en Fukushima no tiene nada que ver con el bombardeo de Hiroshima y Nagasaki, a excepción de que, una vez más, la población japonesa se ha visto expuesta a la radiación. De hecho, los ciudadanos del archipiélago son firmes detractores de la energía nuclear. Y las explicaciones y excusas que han entonado los dirigentes políticos y los responsables de la central no han calado en la opinión pública.

“Queremos pedir perdon desde lo más profundo de nuestros corazones”, decía Tsunehisa Katsumata, el máximo responsable de TEPCO (Tokyo Electric Power Company) en 2011. “Porque los efectos de este accidente se han propagado por la atmósfera, los cauces de agua, los productos agrícolas y el agua potable. Hemos provocado una gran alarma y muchos problemas”, reconocía.

Incluso si los políticos y los dirigentes de la compañía que gestiona la central multiplicaron las conferencias de prensa tras el accidente, lo cierto es que no llegaron a informar correctamente a la población.

“La televisión no funciona” decía entonces una mujer de la zona. “No hay ninguna información. Quiero salir de aquí”. “Estoy furiosa contra TEPCO”, añadía otra, “porque está visto que no tienen ni idea de gestionar una planta de este tipo. Es imperdonable.”

Los japoneses lamentan además que sus mandatarios no hayan dado la espalda a la energía nuclear tras lo sucedido en Fukushima. Y muchos piensan que no están a salvo mientras haya una central funcionando.

“Era la oportunidad de acabar con el riesgo que supone la energía atómica”, comentaba un pensionista. “Y haber pasado a las energías renovables. Estamos despreciando el sufrimiento y los sacrificios de las víctimas”.

Tras la catástrofe de Hiroshima y Nagasaki, el pueblo japonés no ha dejado de manifestarse contra la energía atómica. Pero después de Fukushima, la situación se ha convertido en insostenible para la gran mayoría de la ciudadanía. Sin embargo, el gobierno japonés no ha previsto aún un cambio de rumbo significativo en su estrategia energética.