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Sri Lanka: elecciones cruciales con viejas caras conocidas

Todas las miradas se concentran en el ex presidente Mahinda Rajapakse. Podría volver a la escena política del país si este lunes la mayoría de los 15

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Sri Lanka: elecciones cruciales con viejas caras conocidas

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Todas las miradas se concentran en el ex presidente Mahinda Rajapakse. Podría volver a la escena política del país si este lunes la mayoría de los 15 millones de srilanqueses convocados a las urnas votan por su formación. Derrocado en las elecciones de enero de 2015 por su Ministro de Sanidad, Maithripala Sirisena, espera que el Partido Alianza de la Libertad de Sri Lanka, obtenga la mayoría en el Parlamento (225 escaños) y ser nombrado primer ministro.

Rajapaksa gobernó durante diez años la isla. Su mandato estuvo marcado por el autoritarismo, la corrupción y el asesinato de disidentes y periodistas durante los seis años posteriores al fin de la guerra civil que enfrentó durante 26 años al Ejército contra la guerrilla de los Tigres tamiles.

Unos 100.000 muertos, entre ellos 40.000 civiles, y al menos 140.000 desaparecidos marcaron la historia del país en el que la etnia tamil intentó establecer un estado independiente en el norte y este de la isla, llamado “Tamil Eelam”. La victoria de las fuerzas gubernamentales fue sólo el comienzo de otro tiempo convulso en el que se hablaba de paz duradera y reconciliación.

Pero, Rajapaksa instauró la “tolerancia cero” para establecer un control férreo del país como única salida: “Dirijo esta sesión del parlamento en un momento histórico en el que el país lucha contra el terrorismo y supera décadas de viejas esperanzas de los sinhales, tamiles, musulmanes, burghers y malasios del país”.

Sri Lanka es un pequeño país de Asia, situado al sur de la India tiene 20 millones de habitantes. La mayoría son cingaleses que practican el budismo. Los tamiles representan al 15% de la población y son hindúes.

El apoyo de la mayoría cingalesa a Rajapaksa apenas duró unos meses, cuando aún se beneficiada de lo que supuso el fin de la guerra, a pesar de la frágil reconciliación. En 2010 los ciudadanos piden su dimisión por las graves violaciones de los derechos humanos, la corrupción y el nepotismo practicado por el dirigente (nombró a tres hermanos, un hijo y un sobrino en posiciones clave del Gobierno).

Así es como Maithripala Sirisena, de origen modesto y un respetado político, llegó al poder para reequilibrarlo, luchar contra la corrupción y ejecutar las promesas de reconciliación, basada en la restitución de las tierras a los refugiados tamiles y tribunales que juzguen a supuestos criminales de la guerra.

Apenas ha tenido tiempo, durante los últimos ocho meses ha intentado reconducir la situación junto al actual primer ministro, Ranil Wickremesinghe, líder de la oposición, que podría ser la única esperanza del país de no volver hacia atrás.

Wickremesinghe quiere concentrarse en mejorar las condiciones laborales, investigar sobre los crímenes de guerra y plantear una autonomía para los tamiles; frente a ello aparece el viejo aparato del régimen y el autoritarismo ya conocido de Rajapaksa.