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Tailandia: ¿un atentado político o religioso?

Momento de respuestas en Tailandia. Prayuth Chan-Ocha, primer ministro lanza esta alerta: “En nuestro país hay individuos y grupos de personas que

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Tailandia: ¿un atentado político o religioso?

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Momento de respuestas en Tailandia. Prayuth Chan-Ocha, primer ministro lanza esta alerta: “En nuestro país hay individuos y grupos de personas que intentan destruir el país. Los actuales intentos pueden tener una motivación política, para acabar con la economía, el turismo, o por cualquier otra razón”.

Los “camisas rojas” están en el punto de mira. La oposición a la Junta Militar que ostenta el poder, leales al ex jefe del Gobierno Thaksin Shinawatra, en el exilio, en Londres, desde el golpe de Estado de 2006.

El panorama político y social en Tailandia es complejo. Los “camisas rojas”, la élite intelectual, se oponen a los “camisas amarillas”, la población rural de las provincias del norte y los inmigrantes de la capital, defensores de la monarquía constitucional actual.

Los primeros se concentran en el norte del país, en una zona donde la tasa de pobreza es superior al 10 por ciento, mientras que los otros se encuentran alrededor de la capital y en el sur, la zona más turística y rica del país.

Prayuth Chan-Ocha llegó al poder mediante un golpe de estado en mayo de 2014, después de una década de crisis institucional y de protestas en las calles. En la supuesta transición que dice protagonizar se enfrenta al conflicto secesionista en el sur del país, en el antiguo reino de Pattani; y a la oposición política a la Junta Militar, de la que es principal responsable.

Entre esa oposición está en el interior del país Yingluck Shinawatra, la primera ministra depuesta por el Tribunal Constitucional a principios de mayo del año pasado, quien ganó las elecciones de 2011 convirtiéndose en la primera mujer que ha dirigido Tailandia.

Y su hermano mayor, Taksin Shinawatra. A quién la oposición del momento (2005) boicoteó en las elecciones en las que fue elegido para un segundo mandato, acusándole de corrupción y abuso de poder; lo que provocó su dimisión y pocos meses después un golpe de estado militar que le impide regresar al país.

El enfrentamiento entre partidarios de las diferentes facciones, clases sociales y la falta de recursos; hacen que la población tome a menudo la calle. Algo que es previsible que aumente por los efectos sobre el turismo, ha bajado en más de 15 millones de personas (pasando de 29, 5 millones a 14, 9 de turistas en la primera mitad de 2015), tras el atentado del pasado lunes.

Durante el último año, una fuerte presencia militar ocupa las calles de la capital para reforzar una seguridad que esta semana se ha visto truncada por el peor atentado que ha vivido Tailandia. La opción de que el terrorismo internacional, de extremistas islámicos, haya llegado al país asiático también está sobre la mesa.