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Ni vallas, ni alambre de púas, ni policía contienen la avalancha de refugiados sirios en Europa

Estas son escenas de un imposible. Cómo contener una ola de refugiados desesperados, de gente común, de familias enteras que vivían en sus casas en Siria y ahora huyen de la persecución, de los barriles de cloro lanzados desde helicópteros del gobierno, de matanzas de distintos tipos de fanáticos del islám. Están en la frontera griega con la que fuera ex república yugoslava, Macedonia.

Rompen y entran. Siempre hacia delante y ni un paso atrás. Las abuelas tiran de sus nietos. Con la determinación de los que no pueden volver a casa porque ya no hay casa. La policía les contiene al principio, hay conatos de violencia pero finalmente los propios agentes hacen el papelón, cubren el expediente, gritan, reprenden, empujan, gesticulan pero los refugiados se levantan, insisten y algunos policías se dan la vuelta. Saben que no son delincuentes.

Y además, al fin y al cabo se van de Grecia. Skopje declaró el estado de emergencia el jueves 20 de agosto y cerró brevemente su frontera sur a los refugiados que llegan a un ritmo de dos mil al día. Pero duró horas. En Macedonia los refugiados no querrían vivir ni en una pesadilla, así que … finalmente vía libre hacinados en trenes imposibles rumbo hacia Serbia y Hungría. Allí se encontrarán otra valla que no acaban de construir pero eso al lado de un bombardeo del ejército sirio o de caer en manos del estado Islámico es solo un obstáculo a vencer. Ni las puertas valen para el campo ni las fronteras para las tragedias humanitarias. Si no lo creen, véanlo en estas imágenes.

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