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Respuestas al radicalismo religioso en Europa

Son jóvenes, musulmanes o no, de familia acomodada o humilde, que un día deciden dejar su Europa natal para unirse a los verdugos del autoproclamado

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Respuestas al radicalismo religioso en Europa

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Son jóvenes, musulmanes o no, de familia acomodada o humilde, que un día deciden dejar su Europa natal para unirse a los verdugos del autoproclamado Estado Islámico, o a otros grupos yihdistas en Siria o Iraq.
Un interés que crece en Europa, sin ser un fenómeno nuevo.

Se multiplican las detenciones en los lugares donde suelen reclutar, como hace unos días en España. Las leyes se endurecen mientras aumentan las campañas de información y sensibilización en Gran Bretaña y Francia.

Pero es necesario reconocer que sigue siendo un número mayor el que ceden a la llamada de los videos de propaganda de fácil acceso en Internet, o a las estrategias de los recrutadores que van directamente a buscarlos; que los que se dan cuenta de la manipulación a la que son sometidos.

Según la Interpol, las cifras estimadas apuntan que entre 3.000-5.000europeos han decidido hacer la yihad. El perfil: el 65% tiene menos de 25 años. Y el 40% son mujeres. Del total, 1.500 son franceses. Se ha registrado un aumento del 84% en relación al año pasado. De hecho, los franceses representan al 47% de los yihadistas.

La “generación radical”, como ya la llaman en Francia los expertos, que apuntan a una radicalización islamista “en masa”. Por eso, el Gobierno ha lanzado una campaña para tratar el problema desde la raíz. “Stopyihadisme” comenzó en enero de este año y se basa en los testimonios de familiares afectados por este fenómeno. Son anuncios que ofrecen ayuda y piden que se alerte a las autoridades.

La intención es evitar que se repitan imágenes que datan del año pasado, en las que jóvenes franceses queman sus pasaportes y proclaman su adhesión al llamado Estado Islámico mientras amenazan a sus países con nuevos atentados. Aunque para lograrlo, se tendrá que anteponer la comprensión del origen del mal a la represión.

Entre los jóvenes, unos se declaran fuera del modelo dominante, centrado en tener un trabajo, una familia e insertarte en la sociedad. El islam radical les permite legitimar y justifcar su agresividad, su odio. Y otros sienten la necesidad de ayudar a sus hermanos de religión, actuando de forma inmadura y naif.

Al mismo tiempo, en Bruselas se ha celebrado una Conferencia de alto nivel organizada por la Comisión Europea sobre respuestas penales a la radicalización, una pieza clave de la Agenda Europea de Seguridad. La ministra francesa de Justicia, Christine Taubira, insistió en que hay radicalización en las cárceles pero es mucho más frecuente fuera de ellas.“Dentro de las cárceles hay un riesgo de radicalización del 15%. No queremos ignorar esta cifra, no vamos a subestimar la radicalización dentro de nuestras instituciones, ya hemos puesto en marcha un dispositivo de detección, de seguimiento y un programa para detectar y contrarrestar el adoctrinamiento”, explicó.

Según la Asociación Francesa de Víctimas del Terrorismo detectar a las personas radicalizadas es cada vez más difícil, por eso hay que tener en cuenta nuevos criterios. “Intentamos detectar un cambio de comportamiento del preso y ver como cambia su actitud con los otros y con el exterior. Puede ser con su familia, con el médico, con otras mujeres o con otros detenidos. Cambios en el comportamiento que indican un aislamiento y se esconden de sus pensamientos reales”, comenta un activistas de una ONG.

La comisaria de Justicia, Consumo e Igualdad de Género, Vera Jourova, ha dirigido varios debates para buscar soluciones adecuadas y ha destacado lo que se está haciendo en el Reino Unido: “Trabajan de manera individual con cada persona, preguntan a cada uno de ellos, a los que están en las cárceles y a los que ya han dejado la prisión cuáles son las razones por las que se radicalizaron y qué necesitaban de la sociedad para volver a integrarse”.