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Jordania, el coste de la solidaridad con los refugiados sirios

Como hemos comprobado, Jordania facilita asilo a cientos, a miles de refugiados que huyen de la guerra en Siria. Nuestra compañera Sophie Claudet ha

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Jordania, el coste de la solidaridad con los refugiados sirios

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Como hemos comprobado, Jordania facilita asilo a cientos, a miles de refugiados que huyen de la guerra en Siria. Nuestra compañera Sophie Claudet ha elaborado un reportaje en profundidad para analizar cómo Jordania hace frente a este desafío.

Punto de vista

Los sirios sienten que no tienen elección para ir a ningún otro sitio. Es extremadamente importante que los fondos lleguen y no estoy convencido de que esto suceda

Este muro esconde el campamento de refugiados de Zaatari. Situado apenas a una decena de kilómetros de la frontera siria, es una verdadera ciudad. El campamento de Zaatari abrió sus puertas en julio de 2012 y acoge a 79 000 refugiados sirios. La mayoría proceden del sur de Siria, muchos de Deraa, la provincia en la que se fraguó la revolución en marzo de 2011.

Naciones Unidas y el Gobierno jordano administran este campamento. Las miles de tiendas de campaña instaladas al inicio del conflicto, han dado paso a estructuras prefabricadas, una prueba de que la guerra en Siria continúa como reitera el responsable del campamento de Zaatari, Hovig Etyemezian: “Estamos invirtiendo en las infraestructuras del campamento para dignificar las condiciones de vida además porque resulta más económico. Si el campamento continúa abierto otro año más, será más barato invertir ahora en agua, saneamiento y electricidad que seguir trabajando como si se tratara de una emergencia”.

—Hovig Etyemezian:
¿“Cómo está”?

“Bien, gracias a Dios. ¿No podríamos tener electricidad más horas?”

—Hovig Etyemezian:
“Pero si hemos aumentado las horas de suministro”.

“Sí, una hora más”.

—Hovig Etyemezian:
“No, dos horas”.

“Nos gustaría tener más por la tarde”.

—Hovig Etyemezian:
“Sí, pero otros me dicen que tienen frío por la noche y que la necesitan para la calefacción”.

“Bien, pero me gustaría ver las noticias de la tarde. A las diez de la noche me voy a dormir, me levanto temprano para la plegaria. Que Dios te proteja”.

—Hovig Etyemezian:
“Adiós, gracias”.

“Teníamos servicio de electricidad las veinticuatro horas pero no era asumible, la factura llegaba al millón de dólares al mes, por eso empezamos a racionar el suministro”, añade Etyemezian.

Naciones Unidas ha conseguido menos del 40% de los fondos necesarios para este año y esto tiene sus consecuencias. No obstante la Unión Europea (UE) anunciaba hace unos días una partida adicional de ayuda para Jordania de 28 M€.

Sin embargo, el racionamiento de la electricidad es un mal menor para estas familias que convivían con las bombas en Siria, como recuerda Ibrahim Al-Khalil: “Uno se adapta a vivir aquí. En Siria era muy duro, los bombardeos, los aviones. Aquí mis hijos están seguros. Por ejemplo si el pequeño iba a comprar pan o algo a la tienda del barrio, encontrar pan ya era difícil, y luego podía cruzarse en el camino con una bomba lanzada desde un avión”.

“Aquí están, mi hijo Bassan, y mi mujer Fadwa Nasser”

Ibrahim y su familia están en Jordania desde hace más de tres años y medio. En Siria, Ibrahim Al-Khalil, era agricultor hasta que decidió marcharse.

“Mi hijo Bilal trabajaba en el campo hasta que un tanque disparó un obús. Fue un milagro que saliera vivo, realmente un milagro. Si ven su brazo, enséñales tu brazo”.

“Puedo mover un poco mi mano pero no puedo trabajar con ella”, explica Bilal.

Muchas familias han abandonado el campamento para volver a Siria, como la madre de Ibrahim que no soportaba la vida en Zaatari. Algunos se han instalado en Jordania, otros han viajado a Europa.

“Nos gustaría irnos pero no es posible, hace falta dinero, habría que alquilar una casa, que encontrar un trabajo pero fuera del campamento no hay trabajo”, nos precisa Fadwa Al-Khalil.

La razón principal que lleva a muchas familias a quedarse es este supermercado en el que la comida es gratuita gracias al Programa Mundial de Alimentos. Uno de sus responsables, Jonathan Campbell, no oculta su inquietud por la falta de recursos: “Me preocupa realmente cuando llegue la próxima primavera y no tengamos fondos para poder cubrir las necesidades básicas, y no estoy hablando de ningún lujo, se trata de los elementos indispensables a menudo precarios, me refiero a la educación de los niños, que obviamente es fundamental para el futuro, además de la comida y el agua. Pienso que los sirios sienten que no tienen elección para ir a ningún otro sitio. Por eso para mí es extremadamente importante que los fondos lleguen y no estoy convencido de que esto suceda”, insiste Campbell.

Zaatari es una ciudad, una comunidad. No obstante, la mayoría de los refugiados sirios entre los más del millón que acoge Jordania prefieren vivir fuera, en un entorno de normalidad.

La distribución de los refugiados en Jordania

Muy cerca del campamento, está la ciudad de Mafraq. Naciones Unidas y el Gobierno jordano ofrecen servicios gratuitos a los refugiados como, por ejemplo, los hospitales.

3 000 niños sirios han nacido aquí en los últimos doce meses y casi la mitad de los pacientes son refugiados. Hablamos con una de las madres:

—¿Cómo se llama el niño?
“Omar”.

—¿Cuántos años tiene?
“Un año y medio”.

—¿Entonces, nació aquí?
“Sí, nació aquí en Jordania. No pagué nada cuando dí a luz. La gente es muy generosa con nosotros”.

Actualmente, más de la mitad de los habitantes de Mafraq son refugiados. Ante la llegada de muchas familias, el Gobierno jordano ha abierto las puertas de sus colegios a miles de niños sirios.

“La educación es gratuita, los libros también. Gracias a Dios las cosas van bien aquí”.

Esta tarde están en clase los sirios, los jordanos vienen por las mañanas. Entre lección y lección hay que acondicionar las aulas rápidamente.

“En esta escuela estaban inscritos muchos jordanos pero cuando se implantó el sistema del doble horario (mañana y tarde) para acoger a los sirios, algunas familias jordanas decidieron llevar a sus hijos a otros centros en los que no hay sirios para que estuvieran en el colegio todo el día. Es cierto que la educación de los jordanos se ha visto afectada por la presencia de los sirios”, señala el director de la escuela, Yacine Al-Hayan.

Vivir fuera del campamento tiene su precio. Aunque la educación y la asistencia sanitaria son gratuitas, con una ayuda alimentaria cada vez más escasa, los sirios de Mafraq subsisten por sus propios medios.

Nos recibe Hanane Salloum, originaria de Damasco. En Siria era ama de casa, aquí es el sustento de su familia: “Sí, trabajo, cocino platos orientales que vendo a la gente.”

—¿Trabajaba en Damasco?
Hanane:
“No”.

—¿Ha supuesto esto un cambio de vida para usted?
Hanane:
“No he tenido elección. Hay que adaptarse porque aquí uno no puede trabajar legalmente. Cuando llegamos mi marido se puso a trabajar pero la inspección intervino. Está terminantemente prohibido, uno se expone a que le envíen directamente al campamento de refugiados y yo no puedo vivir en el campamento, lo intenté pero no aguanté”.

Sabe que está prohibido pero marido no se desespera, sigue buscando un empleo.

“Voy a intentar volver a trabajar pero por la noche, cuando no hay controles de los inspectores de trabajo. No me importa en qué sector, de vigilante, en un restaurante, en una cafetería”, dice Mohammed Salloum.

La llegada de ciudadanos sirios a Mafraq ha generado un cierto descontento entre la población local, afectada por la pobreza y por el paro, antes incluso de su llegada.

Se quejan de que llenan las escuelas, los hospitales, pero también el mercado laboral pese a la prohibición existente.

“Los sirios están dispuestos a trabajar de cualquier cosa a cualquier precio”, comenta un joyero.

“Hemos perdido mucho, yo antes podía ganar hasta 20 o 25 dinares (entre 25 y 30 euros) por día, ahora apenas llegamos a los 10 dinares (unos 13 euros)”, comenta un panadero.

Para profundizar en las consecuencias económicas de la crisis siria nos ha recibido en Ammán, el ministro de Planificación y Cooperación Internacional, Imad Fakhoury. Reconoce que están estudiando la legalización del trabajo de los sirios. Si reciben un salario, pagarán sus impuestos y esto podría aliviar la economía jordana. Aunque su mayor preocupación es la falta de ayuda internacional.

“Estamos preocupados porque vemos una cierta fatiga entre los países donantes, mantenemos nuestra política de puertas abiertas, seguimos ayudando económicamente a los sirios, garantizando su integración en nuestras ciudades y municipios, algo que forma parte de nuestro sistema de valores. Si observamos la situación desde otro lado, respecto a los refugiados que están en Europa, esto a los europeos les supone como mínimo un gasto cuatro o cinco veces superior que si invirtieran el dinero en los países fronterizos con Siria. Probablemente estarían más cerca de sus hogares y más cerca a la hora de reiniciar la reconstrucción de su país, que esperemos, suceda en cuanto se presente la oportunidad”, explica Fakhoury.

Volver a Siria es el sueño que todos los refugiados comparten aunque saben que la espera será larga. Mientras Jordania disponga de los medios necesarios, será en estas tierras en las que intentarán reconstruir sus vidas.