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Atentados de París: La lucha contra el miedo y el odio de los ciudadanos franceses

“Estaba entre el público. El concierto había comenzado hace más o menos una hora y empezamos a oir ruidos que venían de la parte de atrás de la sala

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Atentados de París: La lucha contra el miedo y el odio de los ciudadanos franceses

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“Estaba entre el público. El concierto había comenzado hace más o menos una hora y empezamos a oir ruidos que venían de la parte de atrás de la sala. A continuación la gente empezó a moverse, a entrar en pánico y a salir. Yo estaba en las gradas. Nos tumbamos detrás de los asientos y empezamos a arrastrarnos hacía las salidas de emergencia. Nos escondimos en una sala, en uno de los camerinos y nos quedamos allí. Nos encerramos allí esperamos a que la policía viniese a buscarnos”, explica una joven presente en la sala de conciertos Le Bataclan, uno de los objetivos de los terroristas que golpearon parís el viernes 13 de noviembre en el que fue el ataque más mortífero de todos los perpetrados.

Desde su ventana, el periodista Daniel Psenny graba sin comprender lo que pasa. La gente huye asustada de la sala de conciertos. Arrastran cuerpos de los heridos.

La pesadilla había comenzado a las 21:40, cuando tres hombres armados toman al público del Bataclan como rehenes durante tres horas. El asalto lanzado por la policía poco después de medianoche, a las 00:20, termina a la una de la mañana. Mueren al menos 89 personas y hay cientos de heridos. Los tres asaltantes también fallecen, dos de ellos accionando los explosivos que portaban.

“La Fiscalía ha abierto los que han denominado una “investigación antiterrorista”. Aún hay muchos detalles sin aclarar. La Policía creeo que algos hombres armados podrían haber huído”, explicaba poco después nuestro enviado especial James Franey.

Al día siguiente, el sábado, París es una ciudad vacía. Sus habitantes han pasado la noche despiertos y se quedan en casa. Los monumentos no reciben las visitas de los turistas, sus símbolos parecen fríos. Por primera vez desde la Guerra de Argelia, Francia está en estado de emergencia.

“Conocí la guerra de Argelia y puedo decir que esto es una guerrilla, esto no es una guerra. Es terrible luchar contra el terrorismo”, comentaba en las cercanías de la Torre Eiffel una residente de la capital.

En el X Distrito el ambiente es pesado. Aquí, en las terrazas del restaurante Le Petit Cambodge y el bar Le Carillon, quince personas perdieron la vida y diez resultaron gravemente heridas, alcanzadas por disparos de fusiles de asalto realizados desde un coche negro.

“Los franceses, los parisinos, se recogen al día siguiente de los atentados. Llegan las muestras de solidaridad. Cada uno a su manera. Algunos con flores, otros simplemente acercándose y otros hacen donaciones de sangre, como aquí, en Saint Luis, donde algunos de ellos han esperado más de una hora para hacerlo”, nos contaba nuestro compañero Gregoire Lory.

Esta oleada de solidaridad emociona incluso al personal médico, como en el hospital George Pompidou, que recibió a 50 heridos graves.

“Cuando llegué eran las once de la noche. Primero saqué de urgencias a los pacientes que podían esperar un día más y siguiendo el protocolo, llamé al personal para pedirles que viniesen. Tuve la agradable sorpresa de ver que no solo venían aquellos a los que había llamado, sino también aquellos a los que no había llamado, incluso gente que no conocía. Había médicos generalistas del distrito pero también de otros. En un momento dado había incluso más médicos que no pertenecían a mi servicio que médicos que trabajan conmigo, porque la gente había decidido venir a ayudar”, relataba Philippe Juvin, jefe del servicio de emergencias del hospital.

El barrio generalmente animado de Barbès, en el norte de París, cobraba vida de forma más lenta que de costumbre el domingo por la mañana. Es una zona multiétnica, con gran población musulmana. Todos nos dicen que temen represalias sobre su comunidad por los atentados.

“Me gustaría dar un consejo a todos los magrebíes, a todos los musulmanes: que sean solidarios, que se manifiesten contra lo ocurrido”, nos decía un residente. Once meses después del ataque a Charlie Hebdo y el supermercado Cacher, la comunidad musulmana mostraba su cólera, como hacía otro hombre: “Es una vergüenza que manchen la imagen del Islam. El Islam es lo contrario. No es lo que ha hecho esta gente”.

“A la hora del rezo de mediodía, los fieles no son numerosos ni hablan mucho en la Gran Mezquita de París. Pero los musulmanes con los que hemos hablado están inquietos y enfadados. No encuentran palabras lo suficientemente duras a la hora de condenar a los autores de los atentados, y sobre todo, para pedir a su comunidad que se movilice contra un terror que dice actuar en nombre del Islam”, nos contaba desde allí otra de nuestras enviadas especiales, Valerie Gauriat.

A pesar de la prohibición de efectuar manifestaciones en París, la gente ha sentido la necesidad de salir y reunirse, de reconfortarse mutuamente, y mostrar sus sentimientos, en este lugar simbólico, la Plaza de la República. Están decididos a no dejarse vencer por el odio.

“Los parisinos intentan volver a la normalidad, pero la pregunta es que pasarán cuando terminen los tres días de duelo nacional. Los políticos tanto de izquierdas como de derechas están intentando posicionarse como los más duros contra el terrorismo”, decía nuestro compañero James Franey.

El presidente francés, Fraçois Hollande declara tres días de duelo nacional. Es la primera vez en la V República. El lunes participó junto con el primer ministro, Manuel Valls, en el minuto de silencio celebrado en la Sorbona. Muchos estudiantes y profesores fueron víctimas de los atentados.

“Creo que esta enviando un mensaje fuerte a los jóvenes, porque es nuestra la que deberá enfrentarse a determinados desafíos en el futuro. Creo que es un gesto muy bonito, que a mi personalmente me ha llegado y que me ha sentado bien”, declaraba un estudiante.

Ya se les llama la Generación Bataclan. Ha sido un despertar brutal a la vida adulta para los jovenes del instituto Voltaire, cercano a los lugares de los ataques.

“La generación anterior a la nuestra nos deja un mundo caótico, en guerra. Personalmente tenemos un futuro, pero en cuanto a nuestros hijos, nos preguntamos si todo estará bien, porque ya hay demasiados problemas, ecológicos, que afectan al planeta… Y encima si los humanos nos enfrentamos… No hay ninguna certeza de que el futuro vaya a ser bueno”, comentaba una alumna, mientras otro declaraba: “Lo que ha pasado no nos va a quitar las ganas de vivir. Quiero dejar claro que vamos a seguir viviendo como hacíamos antes. Estamos tristes, porque nos ha afectado, pero creo que no hay por qué tener miedo. Creo que hay que que aprovechar el presente e ir hace adelante, pase lo que pase”.

Los seis lugares atacados eran lugares de ocio: deporte, restauración o espectáculos. El martes, cerca de la Ópera de la Bastilla, muchos quisieron demostrar que no tienen miedo y quieren seguir disfrutando. Así nos lo contaba desde allí el enviado especial Fabien Farge: “A pesar de la tensión, de la lluvia, han venido a cenar, a disfrutar de estas terrazas en París. Han venido a ver un partido de fútbol, a cantar la Marsellesa y a decir que la Francia que aman es la Francia que ama la vida”

Mientras, la investigación sigue y llega a Bélgica. Se descubre que Molenbeek, barrio de Bruselas, es de donde vienen dos de los asaltantes, los hermanos Salah y Brahim Abdeslam, así como el cerebro de los antentados de París, Abdelhamid Abaaoud. Nuestro compañero de la redacción de Bruselas, Sandor Zsiros, nos informaba de la situación: “Los expertos advierten de que Bélgica sería uno de los puntos débiles de la lucha de la Unión Europea contra el terrorismo. Por ello, se esperan aquí redadas similares en los próximos días”.

Mientras, los habitantes de Saint Denis, al norte de París, están en estado de shock tras despertarse de madrugada por un asalto policial, que creían un nuevo atentado. Es ya por la mañana cuando conocen la noticia de que hay varios terroristas atrincherados en un apartamento.

“No sabemos quiénes son. Han venido de Bélgica y se han mezclado con la población. Pero, ¿quiénes son? ¿Son auténticos musulmanes? ¡No!”, clabama una residente. Otro mostraba el temor de los vecinos: “Da miedo. No estamos seguros. Dáesh puede estar en tu propia casa y no lo sabes”.

“Terroristas en el centro de la ciudad, habitantes de Saint Denis conmocionados… Tras la pesadilla de la noche, la vida parece detenerse y da la impresión de que el miedo mucho tiempo”, concluía nestra periodista Valerie Gauriat desde Saint Denis.