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La Filarmónica de París, mucho más que un auditorio


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La Filarmónica de París, mucho más que un auditorio

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La Filarmónica de Paris, inaugurada el pasado mes de enero, es en la actualidad la piedra angular de la “Ciudad de la Música”, en el nordeste de la capital francesa. Con un auditorio vanguardista, contiene una variada oferta formativa, así como espacios multidisciplinares. Comenzó como un proyecto con una meta precisa, tal y como explica su presidente, Laurent Bayle: “Nuestras ambición es dirigirnos a la vez a los melómanos que conocen todos los pormenores del repertorio clásico, y a la vez abrirnos a una nueva audiencia que, bien porque son jóvenes, o porque se sienten intimidados por los lugares dedicados a la cultura, no tienen todos los códigos de acceso a la música, y que pueden venir aquí con una sensación menos encorsetada”.

“Aquí podeís encontrar tres salas para conciertos, un museo de la música, espacios para exposiciones temporales… hay muchos espacios dedicados a la educación, específicamente para los niños y para las familias, son lugares donde se apuesta por la práctica y aprendizaje de forma colectiva”, continúa Bayle destacando la función utilitaria del recinto.

Bayle destaca algunos de los efectos más significativos e innovadores de la construcción del edifio que quedaron en segundo plano ante la polémica por la premura respecto a la apertura: “Cuando seleccionamos al arquitecto Jean Nouvel, acompañado de su especialista en acústica Harold Marshall, nos dirigimos hacia una innovación que no encontraréis en ninguna otra sala. Si observáis con atención la sala de la Philarmonie de París, comprobaréis que la mayor parte de los balcones parecen estar suspendidos, desunidos de las paredes, el público llega a los balcones a través de pasarelas, para que se mantenga la sensación de que están suspendidos en el vacío. Esto permite que el público sienta como si estuviera planeando sobre el escenario, por lo que se refuerza la intimidad, y después esto crea una sensación de volumen de aire detrás del balcón que favorece un tipo de fusión sonora creada por la acústica, que parece a la vez cálida y generosa, sin dejar de permanecer muy precisa”.

“La música clásica, escrita, sabia, a menudo es nítida, tiene sus propios espacios, que son diferentes de la llamada música popular. Creo que en cierto momento, hay que poner por encima de todo esto los lugares de referencia, que sean capaces de enfrentarse a todo el campo histórico, a todo el espacio geográfico; y que al mismo tiempo sean capaces de mostrar los puntos de confrontación entre lo que llamamos la cultura sabia y otras formas más populares. Si no disponemos de este tipo de lugar, entonces, esto nos conduce a fracturas más profundas que encontramos en la sociedad, y que explica la ausencia de diálogo que podemos constatar hoy, y que, por supuesto, es nocivo para la unidad de las sociedades occidentales”.

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