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Biogas, la segunda vida de los desechos

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Biogas, la segunda vida de los desechos

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Estamos en un pequeño pueblo situado cerca de Jericó, en Cisjordania, en medio de un desierto. Aquí no llega la luz. La electricidad es producida por

Estamos en un pequeño pueblo situado cerca de Jericó, en Cisjordania, en medio de un desierto. Aquí no llega la luz. La electricidad es producida por varios paneles solares. Para el gas, los habitantes de esta aldea utilizan una caja blanca instalada hace apenas unos meses.

A partir de los excrementos de los animales esta máquina producirá gas para la cocina. La familias que viven aquí podrán mantener encendidos los fogones dos horas al día. Antes de que esta máquina llegase al pueblo, las cocinas se alimentaban de madera.

“Antes, cuando cocinábamos, había mucho humo. Olía mal y podía ser peligroso porque cuando llovía teníamos que cocinar en casa. Nos llevaba mucho tiempo cocinar. Sin embargo, ahora el fuego se enciende enseguida, con apenas una chispa”, explica una señora.

La máquina ha sido diseñada en Israel por Amer Rabaya, un ingeniero palestino que instala estas cajas en los pueblos más alejados de Cisjordania.

“De hecho, esta máquina funciona como un estómago cuando se inyectan los desechos en el sistema. Funciona como el estómago de los humanos. En su interior hay una serie de bacterias que destruyen los desechos. El resultado es el gas que reciben directamente las casas”, explica Rabaya.

Producir gas a partir de desechos no es revolucionario. Pero las máquinas que lo hacen ahora son enormes, muy complicadas de montar y con un sistema de alimentación complejo. La caja diseñada por el ingeniero palestino se monta como un mueble en kit.

“Hemos inventado la manera de introducir la tecnología del biogas en cada vivienda.
Hoy sabemos que los desechos son una fuente de energía. Y esto cambia todas las reglas del juego. Todo cambia cuando sabes que los desechos no son solo basura sino que podemos obtener un beneficio a partir de ellos”, explica Ron Yariv de HomeBiogas.

HomeBiogas, como así se llama la empresa que vende estas máquinas, ya ha conquistado unos cien hogares en Israel como el de Karine y Omer, una joven pareja defensora del medioambiente.

Karine y Omer son veganos y producen cada día muchos desechos vegetales. Desechos que pueden utilizar para fabricar gas. Pero lo que más le interesa a esta pareja de la máquina es el fertilizante de gran calidad que también produce.

En su jardín, Omer cultiva vegetales. Es aquí donde utiliza el fertilizante. Después, serán los desechos de estas plantas los que alimenten la máquina.

“Es un ciclo y para mí es muy importante, asegura Omer. Todo esto nos evita tener que realizar tareas que nadie quiere llevar a cabo como ocuparse de la basura o tirar los desechos vegetales. Nadie está obligado a reutilizar estos desechos. Nosotros podríamos vivir como lo hace mucha gente. Pero el fertilizante también tienes que ir comprarlo y traerlo hasta aquí. Al final, lo puedes producir en casa. Todo este sistema es muy positivo porque contribuye a hacer de nuestro mundo un lugar mejor”.

HomeBiogas, la empresa emergente israelí que ha inventado esta máquina, espera encontrar ahora una respuesta positiva también en los mercados.