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Elecciones en España: la clase media empobrecida

Aragón es el termómetro electoral de España: el 'Ohio' nacional. La clase media allí, como en el resto del país, sigue si notar la recuperación que anuncia el Gobierno conservador.

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Elecciones en España: la clase media empobrecida

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La región de Aragón es el ‘Ohio’ español: estadísticamente quien gana allí en las generales lo hace también en el conjunto de España.
Y con unas elecciones tan disputadas como las del 20D cobra relevancia qué se dice en este termómetro electoral del país.
España crecerá en 2016 entorno al 3%, según todas las proyecciones (el FMI, la Comisión Europea…), y el Gobierno conservador asegura que la crisis está terminando. La sensación en la calle es muy distinta.

Los mayores prolongan su estatus de ‘colchón’ de emergencia

Charo Martín, pensionista, vive en un barrio popular de Zaragoza, la capital regional (666.000 habitantes, 5ª ciudad del país en población). Su pensión, de momento, le da para vivir tranquilamente y ayudar de vez en cuando a su hijo, informático de 36 años en paro.
Algunas de sus amigas han tenido incluso que volver a acoger a sus hijos y familiares desempleados en sus pisos: “Tenemos hijos en paro, tengo amigas que han tenido que acoger a su hija con su marido y sus hijos en casa, ya son cinco… Menos mal que el núcleo familiar en España, como imagino que pasa en otros países del Mediterráneo aún funciona y, bueno, colaboramos. Quiero decir, que tenemos esa solidaridad familiar”.

El ‘colchón’ temporal se ha convertido para muchos en un ‘statu quo’ difícil de manejar. La generación de Charo empezó a trabajar muy pronto y apenas esperó para tener hijos, mientras que la siguiente retrasa cada vez más el tener descendencia. Los datos de natalidad España son preocupantes. En el primer semestre de 2015, por primera vez desde 1999, el número de fallecidos superó al de nacimientos. La tasa de hijos por familia se sitúa en un 1’36 por familia.

“Te quedas en el paro… pero encuentras algo, vale, pues te vas apañando”, explica Charo. “Pero que pase el tiempo… e igual no meses, sino años, sin encontrar un trabajo, sin encontrar una estabilidad, una estabilidad en la vida: un proyecto de vida, un proyecto emocional… Por eso digo que este sistema que estamos viviendo me parece inhumano”.

Preocupación por quién pagará unas pensiones que ya no dan más de sí. Para los mayores las cargas se acumulan: médicos privados para evitar las largas esperas en la sanidad pública, audífonos, gafas… además de la contribución que hagan a sus hijos. Las pensiones subirán en 2016 por debajo del IPC: el mínimo legal del 0,25%.

“Las pensiones se nos han hecho polvo”, protesta Charo. “Y las pensiones venideras no sabemos como serán. Porque están haciendo mucha propaganda sobre las pensiones privadas… pero si no hay trabajo, una continuidad en el trabajo, no se puede ahorrar para hacerte una pensión privada”.

La mediana edad no se reincorpora fácilmente al mercado de trabajo

Pablo López no es una carga para sus padres, pero tampoco cuenta con su respaldo económico. Con 41 años y en paro desde hace seis meses, solamente percibe una pequeña pensión resultante de una discapacidad y busca empleo sin descanso. Su rutina diaria empieza en Zaragoza Activa, donde le orientan en la búsqueda de un empleo y le ayudan a mejorar su currículum. Su franja de edad, que en anteriores generaciones se reincorporaba rápido al mercado laboral, encuentra ahora muchas dificultades. Y eso que según la última EPA del INE, el número de parados ha bajado de los cinco millones por primera vez en cuatro años: “Ahora mismo hay subvenciones para contrataciones de personas de 20 a 30 años o a 35 años. Pero hay una franja de edad, que yo considero que ya tiene una experiencia suficiente, que es la de 35 a 45, que están, dijéramos, excluidos, porque luego la siguiente subvención es a partir de los 45… Considero que esa franja tiene mucha experiencia y no se les está dando la oportunidad que deberían”, explica.

Para él, que ha trabajado en muchos sectores, encontrar un trabajo es cuestión de volver a su vida normal. En España la gente de su generación no está acostumbrada, por ejemplo, a compartir piso. Entre los hábitos que ha podido mantiene están sus visitas al bar Yasmin, donde se relaja tras una dura mañana de búsqueda de trabajo: “Sí que te tienes que recortar un poco en los que es el día a día”, relata. “Tú tienes que cubrir tus gastos generales: desde un alquiler, la luz, el agua, comer, vestirte… y luego hay otras cosas que sí te gustaría hacer, pero que te las tienes que quitar: desde poder ir a un gimnasio, desde poder estar por ejemplo un fin de semana más con mis amigos, o tomarte un café en determinados momentos. Porque el estar fuera [buscando trabajo] te provoca unos gastos”.

Los jóvenes vuelven a emigrar como hicieron sus abuelos

Esta perspectiva negra es la que temen los jóvenes como Nacho Serrano, estudiante de último año del Grado de Derecho. Los menores de 24 años tienen una tasa de desempleo de un 53,2% (Eurostat). Para poder ejercer abogado está obligado a cursar un máster público que cuesta unos 2.500 euros… y esto no le garantiza el trabajo. Por ello se plantea estudiar otro máster relacionado con el derecho en la Unión Europea, con vistas a emigrar. A su alrededor los jóvenes que se plantean el futuro no lo ven nada claro, otros directamente prefieren no planteárselo.

Nacho lo explica: “Yo creo que en general hay una visión pesimista del futuro, muy ligado a que la gente no ve bien el futuro, pero también a que tampoco se lo plantean mucho… Dicen: ‘ahora estoy bien, tengo mi casa, mis padres me pagan algo, voy sacándome mis estudios, si me hago algún trabajillo tengo algún dinero más… tampoco quieren planteárselo y creo que es por eso, porque te lo planteas… y las perspectivas no son buenas”.

Le acompañamos a la sala en la que se reúne con sus compañeros de su organización universitaria, la CEPA. Allí le esperan Raúl Losantos, estudiante de máster de Ingeniería, Alexandra Gómez, que también cursa Derecho, y Javier Royo, que terminó Historia. Ellos ven que las generaciones anteriores, y concretamente la de sus padres, tuvieron muchas más oportunidades. Como dice Javier: “La diferencia es la cantidad de oportunidades. Ellos cuando salían casi podían elegir. Que no siempre era tan fácil, pero tenían más movimiento. Y sobre todo el sueldo. Desde que empezaron a trabajar cobraban un sueldo que les permitía ser independientes, tener una casa aunque sea en alquiler… y eso ahora mismo es imposible”. La emigración está sin duda sobre la mesa, pero hay opiniones divergentes.

Raúl se marcharía: “Es que si tengo que trabajar de algo para lo que no me he formado… va a ser en detrimento de mi formación. En mi carrera, por ejemplo, en muchos trabajos te piden experiencia laboral. Si no tienes experiencia laboral, por qué hacer un trabajo que no te la aporta… estás perdiendo capacidad de trabajar un día de lo que quieres. Por eso es mejor irse al extranjero y trabajar de lo que tú has estudiado y seguir formándote y tener un currículum y una experiencia que trabajar aquí para ganarte solo la vida”. Alexandra, al menos en principio, se quedaría: “Si tuviera que elegir, de no ser que el trabajo que me ofrecen fuera de España fuera algo fijo y me voy a quedar ahí fuera, cosa que es muy difícil ahora mismo… sí me quedaría aquí para conseguir dinero y seguir formándome. Porque la formación tiene unos precios muy elevados e igual al conseguir más formación ya podría conseguir algo más fijo que fuese fuera de España”.

Raúl, sabe de primera mano que los ingenieros tampoco se van al extranjero a encontrar un paraíso laboral: “Yo conocí en el Erasmus a un belga que estudiaba ingeniería también y que me decía que los ingenieros españoles éramos considerados allí… bueno… palabras feas… Que somos como los parias porque estamos dispuestos a trabajar por un salario la mitad o la cuarta parte que un ingeniero belga. Entonces vas con unas condiciones mejores que las que aquí… pero no vas a unas condiciones maravillosas tampoco”.

La llamada “generación más preparada” de España se ve abocada a repetir la historia de sus abuelos, que emigraron masivamente en los 60 y 70. El primer semestre de 2015 se batió el récord de emigrantes nacionales desde que empezó la crisis, más de 50.000.