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La difícil tarea de sacar a los extremistas de la radicalidad

A apenas unos metros de la mezquita de Walthamstowe, en el este de Londres, se encuentra un centro para jóvenes muy conocido en el barrio.

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La difícil tarea de sacar a los extremistas de la radicalidad

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A apenas unos metros de la mezquita de Walthamstowe, en el este de Londres, se encuentra un centro para jóvenes muy conocido en el barrio.
Es la Fundación Active Change. Una asociación que trabaja para evitar que los jóvenes se radicalicen y no entren en bandas violentas ni sucumban al extremismo religioso.

Javid llegó de Afganistán hace siete años y aquí ha encontrado su refugio.

“Me ayudaron con mi educación, con mi vida social, con mis estudios universitarios, con todo. Me alejaron de los reclutadores, de los grupos extremistas”, decía Javid khan.

El responsable de la asociación, Hanif Qadir, nos invita a escuchar una conversación telefónica muy importante. Al otro lado de la línea esta el padre de un joven yihadista británico que se fue a Siria y que ahora quiere volver.

“No estamos seguros pero se fue de Raqa, ¿no es así? Tenemos que conseguir que vaya a un lugar seguro como Jordania u otro país vecino. Tenemos que tener en cuenta la situación de aquí. Mucha gente va a desconfiar de las intenciones de todo aquel que asegure querer abandonar el autodenominado Estado Islámico. Sobre todo ahora”, decía Hanif Qadir por teléfono.

La asociación lleva meses dándole al joven, a través de su padre, argumentos contra la interpretación radical que los extremistas hacen del islam.

“Hemos dado un gran paso en este caso. Hemos conseguido que esta persona considere otros métodos y que vea la religión desde otro prisma. Si tienes paciencia y la información correcta y puedes encontrar una forma de transmitírsela a la persona, le permites que piense por si mismo y ahí es cuando puede llegar el cambio”, apuntaba Hanif Qadir.

Hanif Qadir sabe de lo que habla. En 2002 viajó a Afganistán para unirse a Al Qaeda. No soportaba los abusos de los talibanes.

Un año después crea una fundación que hoy es una de las más eficaces en los programas de desradicalización que lanzó Reino Unido después de los atentados del metro Londres de 2005.

Objetivo del Dáesh, la capital británica es también el principal centro de reclutamiento de la organización terrorista en el país.

Esta atracción no sorprende a Adam Deen, antiguo miembro del grupo islamista radical Al Muhajiroun. Deen es hoy un reconocido experto en temas de terrorismo y desradicalización.

“En un mundo en el que hay mucha inseguridad y mucha incertidumbre, el mensaje del Dáesh es muy reconfortante. Simplifican el mundo y lo que hacen es dividirlo entre el bien y el mal.
Conocí a esos extremistas y se convirtieron en una autoridad para mí, en mi manera de entender de fe. Me llevaron a un viaje, un viaje hacia el extremismo.
Para mí era normal participar en una conversación en la que se hablaba de planear un hipotético atentado terrorista en Londres. Ahora, con el tiempo, me pregunto qué es lo que me pasaba pero en esa época me parecía totalmente normal. Occidente atacaba a los musulmanes, así que era nuestro enemigo.
Tenemos que impedir que hagan ese viaje hacia el extremismo y para ello se necesita una reforma teológica. La manera en la que entendemos el islam, en la que entendemos el mundo a través del prisma del islam tiene que cambiar”, comentaba Deen, de la Quilliam Foundation.

En un lugar secreto de la capital británica nos encontramos con otro tránsfuga de un grupo islamista radical que también se ha convertido en un experto en desradicalización.

Según él, es importantísimo desmontar el discurso de las organizaciones terroristas.

“Solo cuando nos quitamos la venda de los ojos y nos damos cuenta de que la ideología está completamente vacía, que su política no tiene nada que ver con la realidad y que utilizan la religión solo para justificar posiciones ideológicas radicales, es cuando podemos separar el discurso de la fe. A partir de ese momento nos damos cuenta de que esa ideología carece de principios. Es lo que me permitió alejarme y a mucha otra gente también. Los mismos métodos que han sido utilizados para que la gente integre esos grupos pueden ser utilizados para que salgan de ellos”, apuntaba Rashad Ali del Instituto de Estudios Estratégicos.

Otro de los apartados de la lucha contra el extremismo es la prevención y la identificación en la vía pública de individuos potencialmente peligrosos.

Desde 2006 se han identificado a más de 4.000 personas que podrían entrar en las filas del islamismo más radical. El 20% de ellos han sido puestos bajo vigilancia.

Una medida controvertida ya que muchos de ellos denuncian que se está estigmatizando a la comunidad musulmana.

Una de las medidas más polémicas es la identificación obligatoria en los centros escolares de los alumnos considerados potencialmente peligrosos.

Esta escuela islámica de Slough, al oeste de Londres, utiliza el diálogo y la pedagogía para luchar contra el extremismo.

Zafar Ali es el encargado de formar a los profesores en la prevención de la radicalidad en varios colegios de la zona.

“Formamos al personal en lo que tienen que hacer y en qué tienen que fijarse. Cómo actuar y cómo no exagerar. Por ejemplo, un alumno después de una buena clase le dijo a la profesora ‘Al Hamdullilah’ que quiere decir ‘alabado sea Dios’. La profesora pensó que era una proclama terrorista y llamó a la policía. Tanto el niño como los padres fueron interrogados.
Ahora hay un ambiente en el que muchos jóvenes creen que si expresan sus opiniones se les va a señalar con el dedo y se les va a tratar de extremistas. Eso es peligroso porque lleva a la gente a entrar en la clandestinidad”, comentaba Zafar Ali.

Gracias a una impresionante propaganda, el Dáesh ha conseguido reclutar a más de 750 británicos. El Ministerio de Interior asegura que el 60% de ellos habrían regresado.

Cada vez hay más candidatos y algunos de ellos son muy jóvenes como se puede ver en estas imágenes en las que se ve a tres adolescentes inglesas que viajaron a Siria el año pasado.

La asociación Football for Unity utiliza el deporte para alejar a los jóvenes del yihadismo. El Dáesh ha intentado captar a varios de ellos a través de las redes sociales.

Uno de los fundadores de este proyecto nacido hace un año quiere inculcarles valores que unen e integran.

“Aquí hay musulmanes, judíos y cristianos. Hay otros de otras religiones, hindúes, sijs. Gracias al fútbol, intentamos ayudarles y que no se radicalicen. Es una forma estupenda de juntar todas las culturas. Les enseñamos la importancia de las leyes, de los valores británicos. Es una labor muy importante. No importa de dónde vengas, tu identidad siempre será británica”, decía el psicólogo y cofundador de “Football for Unity”, Shamender Talwar.

Estos valores convencieron a Amina, nombre ficticio, a no viajar a Siria.

El Dáesh la captó a través de las redes sociales pero la joven no quiere contarnos su experiencia.

“Me daba como una especie de sentimiento de pertenencia. Somos jóvenes y muchas veces tenemos la sensación de no pertenecer a ningún sitio o simplemente por rebeldía. En realidad, lo que necesitamos es a alguien que nos diga que todo está bien, que está con nosotros. Eso es lo que nos da este equipo, un lugar al que ir. Somos como una familia”, apuntaba Amina.

En Europa, el Dáesh ha reclutado a entre 5.000 y 7.000 personas.

Para Hanif Qadir la ofensiva militar occidental en Sira no hace más que agravar la situación.

“El grupo Estado Islámico, Al Qaeda y todas las demás organizaciones terroristas conocen muy bien el campo de batalla. El problema es que nuestros mandatarios no lo conocen y cometemos continuamente los mismos errores. Desde 2002 hemos creado más terroristas que los que jamás hubiéramos pensado. Tenemos que luchar contra este fenómeno desde los corazones y los cerebros de la gente, en nuestras comunidades e instituciones. Es ahí donde tenemos que luchar. No con ofensivas militares. Eso mata terroristas pero no acaba con sus ideas”, concluía Hanif Qadir.