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La nochevieja de Colonia: un mal agüero para 2016

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La nochevieja de Colonia: un mal agüero para 2016

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El escándalo de las agresiones sexuales de Nochevieja en Colonia y otras ciudades de Alemania es un mal agüero para el año que empieza para Angela Merkel.

Al margen de la confusión y la falta de información sobre los hechos por parte de las autoridades e incluso de algunos medios de comunicación alemanes, el asunto reviste mas gravedad de la que en un principio se le ha dado.

De entrada parecen un calco de las agresiones contra las mujeres, manifestantes, militantes y periodistas, que se produjeron en el Cairo durante las manifestaciones masivas de 2011 contra Hosni Mubarak. Grupos de hombres, perfectamente coordinados, rodeaban y agredían sexualmente a las mujeres, con el objetivo de amendrentarlas. Todo ello con la absoluta connivencia de la policía.

Hubo incluso casos, grabados en vídeo, en los que las víctimas eran desnudadas y arrastradas por las calles sin que nadie interviniera. Las militantes egipcias comprometidas en la lucha por la democracia han denunciado en muchas ocasiones esta manera de humillarlas y aterrorizarlas que se escuda en el machismo mas abyecto.
Que unas agresiones similares se hayan producido en Alemania cuando el país acaba de recibir a mas de un millón de refugiados resulta mas que inquietante.

En primer lugar porque el uso y el disfrute del espacio público, con seguridad y libertad, es un derecho ciudadano que las mujeres han conquistado hace tiempo y al que no van a renunciar de ninguna manera. Por eso la alcaldesa de Colonia, Henriette Reker, que aconsejó a las mujeres manterner cierta distancia con los desconocidos, ha sido tan criticada.

El argumento, llevado al extremo, es equiparable a las barbaridades de algunos obispos españoles que culpan a las mujeres de la violencia machista de sus maridos o parejas. Ceder en esto es retroceder en los derechos y libertades de las mujeres y aceptar una forma de discriminación bajo pretexto de protegerlas.

En segundo lugar, lo ocurrido en Colonia, pone a dura prueba la política de brazos abiertos de Angela Merkel, que en su discurso de Año Nuevo aseguró a los alemanes que Alemania puede hacerlo –« Wir schaffen das » en referencia a la capacidad para integrar al millón largo de refugiados que llegó al país en 2015. Porque debajo de este optimismo voluntarista despuntan señales de que la sociedad alemana se descuelga de la política de la líder cristiano-demócrata.
La mas alarmante para la canciller viene de su propio campo, de los ataques de la CSU, la Unión Social Cristiana de Baviera, el partido hermano de la CDU de Merkel

Otra señal es la remontada de AfD, la Alternativa para Alemania, el partido antiinmigración que ronda el 10% en los sondeos. En 2013 obtuvo el 4,7% de votos, rozando el 5% necesario para entrar en el Bundestag. En marzo hay elecciones en los estados federados de Baden-Württemberg y Renania-Palatinado donde AfD se encamina a obtener el 7% y el 14% en las de Sajonia-Anhalt.

Tambien se vislumbra el regreso de los liberales del FDP, socios tradicionales de los conservadores, lo que apunta a una fragmentación del panorama político alemán de cara a las elecciones federales de 2016, como no se ha visto desde la reunificación en 1990.