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La expansión de Dáesh en el sudeste asiático

Indonesia ha vivido ataques islamistas antes, pero es la primera vez que el país es blanco de un asalto coordinado de francotiradores y kamikazes. El

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La expansión de Dáesh en el sudeste asiático

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Indonesia ha vivido ataques islamistas antes, pero es la primera vez que el país es blanco de un asalto coordinado de francotiradores y kamikazes. El modus operandi de los terroristas recuerda al de los atentados de Bombay, en 2008 y más recientemente, al de los ataques de París.

Muchos temen que los yihadistas intenten que el mayor Estado musulmán del mundo se convierta en cabeza de puente regional de Dáesh. Un número indeterminado pero consecuente de indonesios han viajado a Siria para sumarse a la yihad con diversas milicias suníes y varias organizaciones islamistas indonesias apoyan abiertamente a Dáesh.

No es el único país del sudeste asiático que enfrenta la amenaza yihadista.
En septiembre, la policía de Malasia frustró un complot para explosionar una serie de bombas en la animada zona turística de Bukit Bintang, en Kuala Lumpur. Otros atentados recientes frustrados por las fuerzas de seguridad incluía planes para asaltar cuarteles del ejército y apoderarse de las armas.

Durante los últimos días en el sur de Filipinas, cuatro grupos terroristas islámicos han unido sus fuerzas para convertirse en un puesto de vanguardia de Dáesh. Se cree que uno de ellos, el tristemente conocido Abu Sayyaf, ha sido el cerebro de numerosos ataques en todo el sureste de Asia durante la última década.

Uno de los puntos fuertes de Dáesh es su capacidad para ganar adeptos, pero sobre todo, la de sacar provecho de los ataques cometidos por otros, sin vínculos directos con el grupo.

Se cree que el bombardeo en el Santuario de Erawan en Bangkok, en el que murieron 20 personas en agosto pasado, fue perpetrado por grupos separatistas. Pero la forma en que se llevó a cabo reproduce métodos y tácticas utilizadas frecuentemente por los terroristas islamistas.

Euronews:
Para profundizar sobre los ataques en Indonesia tenemos con nosotros a Omar Hamid, jefe de la región de Asia Pacífico de la empresa de análisis de riesgo IHS, con sede en Londres. ¿Por qué atacan Dáesh o sus aliados Indonesia?

Omar Hamid:
Indonesia ha sido siempre uno de los países donde ha habido una considerable fricción y tensión con respecto a la militancia islamista. Ahora bien, en el pasado fue bastante hábil en el manejo de este asunto. En los años 2002 y hasta 2009 hubo un aumento en los ataques terroristas en Indonesia y el Gobierno lo gestionó de forma eficaz, lo que llevó a una disminución de los ataques en los años siguientes. Sin embargo los componentes básicos de la insurgencia islamista siguen en el país. También hemos visto un incremento en el número de indonesios que se suman a la yihad en Siria y algunas de esas personas que regresan a Indonesia lo hacen con mucha más capacidad y mejor entrenamiento que antes.

Euronews:
¿Es una alianza de conveniencia entre el grupo local y Dáesh? ¿Comparten los principales objetivos de Dáesh o tienen su propia agenda?

Omar Hamid:
Fundamentalmente, en un país como Indonesia el factor principal seguirá siendo siempre el contexto local. Por supuesto los grupos locales encontrarán complementariedad con grupos transnacionales como Dáesh o Al Qaeda. Así que siempre habrá un denominador común, pero la agenda básica estará dictada por imperativos locales.

Euronews:
¿Existe una amenaza para la región en general? ¿Existe el riesgo de que Dáesh extienda sus actividades en otros puntos de la región?

Omar Hamid:
El riesgo no es tanto que Dáesh venga y se instale en la región para establecer un punto de apoyo en el sureste de Asia. El riesgo principal es que en varios países del sudeste asiático, incluyendo como dije Indonesia, Malasia, y Filipinas, hay gente que ha ido a luchar como voluntarios del Dáesh a Irak y Siria, y cuando esos yihadistas regresan a sus países natales, algo que no necesariamente ocurre de inmediato, pero puede ocurrir a medio plazo, en cinco años o así, pues bien, cuando vuelven, lo hacen con un entrenamiento muy superior al de los militantes en esos países. Actúan casi como un multiplicador de fuerza. Si quiere un paralelismo histórico, es muy similar a lo que ocurrió con la invasión soviética de Afganistán a finales de los años 80 y principios de los 90, cuando un montón de gente que había luchado en Afganistán volvió a países como Filipinas con un entrenamiento puntero que posteriormente se tradujo a finales de los años 90 y principios de 2000 en el inicio de insurgencias muy activas en esos países.