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Desencantados y con los bolsillos vacíos, muchos refugiados iraquíes vuelven a casa dejando atrás una Alemania hostil

Desencantados, frustrados y con los bolsillos vacíos, cada vez son más los refugiados iraquíes que deciden volver a casa, dejando atrás una Alemania

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Desencantados y con los bolsillos vacíos, muchos refugiados iraquíes vuelven a casa dejando atrás una Alemania hostil

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Desencantados, frustrados y con los bolsillos vacíos, cada vez son más los refugiados iraquíes que deciden volver a casa, dejando atrás una Alemania hostil. La lentitud y dificultad del proceso de asilo y las malas condiciones de los centros de acogida les llevan a abandonar su sueño europeo, a perder toda esperanza de comenzar una nueva vida lejos de las bombas.

“A mi marido le gustó la idea de ir allí. Vio a otros y quería imitarlos. La situación era mucho peor que aquí. Hemos estado allí unos tres meses. No tenemos nada. La comida era mala y escasa. Solían darnos un trozo de pan, queso y pepino. ¿Cómo se puede sobrevivir al frío invierno con esa comida? Nuestros niños lloraban de hambre. Nos gastamos 11.000 dólares y hemos vuelto con las manos vacías”, cuenta una mujer kurdo-iraquí al llegar al aeropuerto de Erbil.

Desde finales de octubre, la embajada iraquí en Berlín ha emitido 1.400 pasaportes para los migrantes iraquíes que quieren regresar a su país.

(En este aeropuerto de Berlín, refugiados, principalmente kurdos embarcan para Erbil en Irak. Vuelo de regreso…)

Iraqi Airways ofrece vuelos desde Berlín, Düsseldorf y Frankfurt a unos 300 euros por billete. Los que no pueden pagarse el viaje de regreso pueden solicitar la ayuda financiera de la Organización Internacional para las Migraciones.

“Tenemos tres vuelos por semana. Casi 100 refugiados por semana… Los números están subiendo continuamente. Todo empezó el pasado septiembre y los números siguen subiendo”, explica Andesha Karim, empleada de Iraqi Airways.

Alemania recibió el año pasado a más de un millón de refugiados. Meses después, la mayoría sigue viviendo en centros de acogida.
Pero no todos han perdido la esperanza de hacer realidad su sueño europeo. Muchos están dispuestos a esperar que Berlín les ofrezca asilo o probar suerte en otro país.