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Los héroes silenciosos del campo de la vergüenza

Françoise Lavoisier es voluntaria de la Asociación Salam. Los miércoles en la mañana ella se prepara para entregar ropa, mantas y otros suministros a

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Los héroes silenciosos del campo de la vergüenza

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Françoise Lavoisier es voluntaria de la Asociación Salam. Los miércoles en la mañana ella se prepara para entregar ropa, mantas y otros suministros a un campo de refugiados instalado en Grande Synthe, suburbio ubicado a las afueras de Dunkerque, en el norte de Francia.

En el mes de enero de 2015, en el campo había de 60 a 100 refugiados. Actualmente hay entre 2.500 y 3.000 personas. Este asunto ha tomado por sorpresa a muchos habitantes del lugar.

En los últimos dos meses, cientos de inmigrantes, en su mayoría kurdos provenientes de Iraq, se han instalado en esta área boscosa. Sin embargo, este es un terreno que no ha sido preparado para recibir a tanta gente. Se ha tenido que incrementar la presencia de las fuerzas de seguridad a la entrada del campo, ya que se dice que traficantes de personas se han infiltrado en el campamento.

Tiendas de campaña inundadas por el lodo y la basura hacen parte del paisaje de este lugar, el cual ha sido llamado el “Campo de la vergüenza.”

Un hombre de origen kurdo cuenta que llegó aquí escapando del grupo Estado Islámico, pero no pudo creer lo que vio cuando llegó a Europa:

“Nunca te imaginas llegar a un lugar como este en Europa en pleno siglo XXI. No te lo esperas en ningún lugar del mundo.”

Los refugiados han recibido ayuda gracias a que los voluntarios de asociaciones y algunas ONG hicieron sonar la alarma por las precarias condiciones en las que estas personas viven. Y todo por llegar algún día al Reino Unido.

Devolverles la dignidad es lo que quieren hacer los voluntarios con los refugiados, entregándoles ropa, productos alimenticios y de higiene. El gobierno ofrece poca ayuda porque no quieren que el campamento sea permanente.

Françoise Lavoisier cree que es el Estado el que debería hacer el trabajo que las asociaciones realizan en este campo. Según Lavoisier, no les corresponde a ellos hacerlo ni tampoco a la ciudad, es el Estado el que debe actuar.

Por otro lado, algunos problemas dentro del campo son serios. La Policía tuvo que actuar ya que ayer hubo un tiroteo entre bandas traficantes.

Justo cuando esto sucedió, un grupo de voluntarios británicos llegaron con suministros desde el Reino Unido. Sin embargo, no los han podido entregar debido al enfrentamiento, como lo afirma uno de los voluntarios. Se han tenido que llevar todo ya que la Policía lo considera de contrabando.

Pero los supuestos artículos de contrabando no son más que equipos para construir tiendas de campaña más sólidas. Las autoridades no los quieren entregar por el temor de volver el campo permanente.

Tiroteos, contrabando de material de construcción, tiendas de campaña bajo la lluvia. ¿Vale la pena el riesgo para estos voluntarios?

Conocímos a Marcus Wells, quien es dueño de un almacén en Bristol. La primera vez que vino fue en diciembre y ha vuelto en varias ocasiones. Wells compartió con nosotros algunas de las historias que ha conocido en este campo:

“Alrededor del 80 por ciento de la gente aquí son hombres jóvenes. Cuando Dáesch invade un territorio, los chicos jóvenes de más de 12 años tienen que elegir entre unirse al Dáesch o de lo contrario los matan. Así que lo único que sus padres les dicen es de irse lejos. Ayer hablé con un chico de 15 años y su hermano de 14. Les pregunté qué había dicho su madre, y me dijeron que ella los apoyó para escaparse. Es por eso que pasan todo el tiempo buscando dónde cargar el teléfono, porque quieren hablar con su familia.”

Mientras que los voluntarios han brindado apoyo físico y moral, los problemas sanitarios y de salud han requerido la ayuda de ONG como Médicos sin Fronteras.

En las últimas tres semanas han llegado más baños portátiles. Actualmente hay 60 baños y 48 duchas, lo que ha mejorado las condiciones pero aún no es suficiente para los más de 2.500 refugiados que hay.

Médicos y enfermeras advierten que en el campo hay enfermedades que no habían visto en Francia desde hace mucho tiempo. Así nos lo cuenta Samuel Hanryon, miembro de Médicos sin Fronteras:

“Los principales motivos de consulta que tenemos son a causa de las condiciones de vida aquí. Infecciones en el aparato respiratorio, rinofaringitis, gripes. También hay muchos casos de escabiosis que reflejan las condiciones deplorables de higiene en las que viven estas personas. Desde la semana pasada hemos tenido casos de rubéola en Calais y Gran Synthe. Tendremos que lanzar una campaña de vacunación porque la rubéola es una enfermedad muy contagiosa. Si no se trata a tiempo puede provocar la muerte.”

Sin embargo, una solución a estas terribles condiciones está en progreso. No muy lejos del campo que visitamos, otro se está construyendo. Habrá alrededor de 500 tiendas de campaña con calefacción, electricidad, duchas, sanitarios, cocina y salas. Y algo importante, el terreno dejará de ser húmedo.

Médicos Sin Fronteras está pagando 2 millones de euros y los habitantes de la ciudad, 500 mil. Pocos fondos han llegado por parte del Estado y de Europa.

Hanryon se siente frustrado ante esta situación. El trabajo de ONG internacionales como Médicos sin Fronteras se lleva a cabo sobre todo en terrenos de conflicto, de catástrofes humanitarias o con epidemias. Hanryon dice que “están construyendo un campo de refugiados para 2.500 personas en Francia que es uno de los países más ricos del mundo.” Para él, esto parece un poco surrealista.

Fuimos a visitar a Damien Carême, alcalde de Grande Synthe. Carême ha hecho todo lo posible para que el nuevo campo se construya. Él espera que el Estado y Europa ofrezcan más ayuda. Dice igualmente que no quiere repetir los mismos errores que Calais, en donde los refugiados fueron sacados a la fuerza y el campo demolido.

“El traslado de los refugiados se va a hacer sin la presencia de las fuerzas de seguridad. Yo no quiero meter a la gente en los camiones de la Policía para llevarlos al nuevo campo porque no es una operación policiaca, es simplemente un traslado. Hay que decirles a las ONG y las asociaciones que intervienen que ellos también tendrán que mudarse porque las condiciones de vida serán mejores. Yo no quiero tener dos campos en la ciudad, así que pediré la evacuación y el desmantelamiento del terreno actual. Yo creo que vamos a lograr convencerlos porque todo esto es por su benefício propio.”

Algunos refugiados están preocupados con la idea de cambiar de campo. Conocímos a Hawree, quien llegó aquí hace dos meses. Él ha intentado pasar al Reino Unido 17 veces, escondiéndose durante la noche en camiones que van en dirección al canal. Él y sus amigos han escuchado rumores de que en el nuevo campo habrá más presencia de la Policía, más cámaras de seguridad y en consecuencia, menos libertad.

Hawree nos cuenta que el nuevo campo estará cerrado de 7pm a 8am. La Policía les prohibirá salir tarde, así que para ellos será más difícil llegar al otro lado, pues, según él, “yo no vine para quedarme aquí en Francia.”

Su único objetivo es llegar al otro lado, al Reino Unido. Un amigo de Hawree tiene buenas noticias: alguien que conocieron logró cruzar. Un poco de esperanza para los que quedan aquí, pero un dolor de cabeza para otros.