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De la pesadilla de Alepo al infierno de Idomeni

Se llama Nisrine Shiko. Es siria, viuda y madre de cinco niños. Lleva diez días malviviendo en el paso fronterizo greco-macedonio de Idomeni, tras

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De la pesadilla de Alepo al infierno de Idomeni

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Se llama Nisrine Shiko. Es siria, viuda y madre de cinco niños. Lleva diez días malviviendo en el paso fronterizo greco-macedonio de Idomeni, tras huir de las bombas de Alepo, donde perdió a su marido hace tres años durante un bombardeo. Desde que llegó a Idomeni no ha podido pegar ojo y ya no puede más.

“Es difícil. Antes era ama de casa y mi marido lo era todo para mí. Ahora soy la madre y el padre al mismo tiempo. Es muy difícil”, dice Nisrine Shiko, refugiada siria.

Su situación no es un caso aislado. La mayoría de los refugiados en Idomeni son mujeres (22%) y niños (40%).

“Es difícil con cinco hijos. Ayer, cuando llovió, mis hijos estaban empapados, las mantas estaban empapadas. Sequé a mis hijos, los acosté. Y no he dormido desde entonces”, cuenta Nisrine Shiko, refugiada siria.

Algunas mujeres han parido en Idomeni, entre el barro y la desesperanza, otras han perdido los bebés que esperaban.

Hay decenas de pequeños gravemente enfermos, con problemas respiratorios, fiebre, tos, diarrea, vómitos y eritema.

Médicos del Mundo ha alertado de la aparición de enfermedades que no se veían desde la I Guerra Mundial, como el síndrome del ‘pie de trinchera’. Algunos refugiados sufren graves infecciones o gangrena tras pasar días con los pies hundidos en el barro y ya han tenido que llevarse a cabo amputaciones.