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Ucrania ante la amenaza de las minas terrestres

El pasado 10 de febrero, Andrey Kostenko, de 45 años, se dirigía de Lugansk hacia la ciudad de Marinka cuando se encontró con la carretera bloqueada

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Ucrania ante la amenaza de las minas terrestres

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El pasado 10 de febrero, Andrey Kostenko, de 45 años, se dirigía de Lugansk hacia la ciudad de Marinka cuando se encontró con la carretera bloqueada por un puesto de control militar.

Cuando intentó adelantar la fila de coches, al salirse de la carretera, su Volkswagen saltó por los aires al hacer explotar una mina. Kostenko y sus dos pasajeros murieron.

Estas muertes se suman al número de víctimas civiles fallecidas por artefactos explosivos ocultos.

Ya son más de 260 víctimas mortales en menos de dos años de conflicto entre las fuerzas gubernamentales y los grupos rebeldes ucranianos prorrusos.

Además, 479 civiles han sufrido lesiones graves al aventurarse por campos minados que no tienen ningún tipo de señalización.

Nadie sabe quién colocó la mayor parte de las minas en cuestión. La ubicación de muchas minas ni siquiera ha sido registrada. Otras fueron diseminadas y su emplazamiento aparece únicamente en bocetos realizados por los soldados que las colocaron.

La diseminación de miles de minas antipersonas marca un serio retroceso, en décadas de esfuerzos internacionales, para eliminar matanzas indiscriminadas.

Ucrania se ha unido a otros diez países de todo el mundo en los que se siguen colocando minas antipersonas, como Corea del Norte, Irak, Siria, Afganistán, Pakistán, Colombia, Libia, Yemen, Túnez y Myanmar.

Hace más de 10 años, un importante tratado internacional prohibió el uso de minas terrestres antipersonas y exigía que los firmantes, incluída Ucrania, destruyeran sus existencias.

En septiembre de 2014, un acuerdo entre ambas partes, en el actual conflicto se extendió a la restricción de todo tipo de minas. Sin embargo, las lagunas de la letra pequeña han llevado a que se sigan utilizando estas armas.

El Ejército de Ucrania reveló a Euronews, que está diseminando este tipo de dispositivos en el este del país. Ahora, tanto las fuerzas rebeldes, como las Fuerzas Armadas de Ucrania están sembrando un macabro legado, que tendrá consecuencias nefastas sobre la población civil en los próximos años, independientemente de quién terminará por controlar esas tierras.

Cronología:

- Diciembre de 1997: El Tratado de Ottawa o la Convención sobre la prohibición de minas terrestres antipersonales. Firmado por 133 países que se inscriben y se comprometen a eliminar las minas existentes y a destruir sus existencias.
Rusia, EE.UU. y China están entre los países que no firmaron.

- Diciembre de 2005: Ucrania ratifica el Tratado de Ottawa.

  • Abril de 2014: Empieza el conflicto entre las Fuerzas Armadas de Ucrania y los separatistas rebeldes en el este de Ucrania.
  • Septiembre de 2014: Acuerdos de Minsk I. El Tratado entre Kiev y las regiones separatistas que exige un cese a la colocación de minas y a la eliminación de las ya diseminadas.
  • Marzo de 2016: Ucrania dispone aún de una reserva estimada en más de 5 millones de minas antipersonas y admite el uso de dichas minas en su propio territorio.

Pero ninguno de los principales acuerdos parece haber marcado una gran diferencia en la actitud de los bandos opuestos. En Ucrania, políticos y militares sostienen que no se puede esperar que el país adhiera a estos tratados, cuando las fuerzas contra las que están luchando no los respetan.

Pancartas, folletos y baños portátiles

Eliminar este tipo de armas es complicado, sobre todo por lo difícil que resulta tener influencia entre las fuerzas rebeldes, pues no tienen la obligación de respetar este tratado, siendo Rusia su principal aliado.

Sin embargo, sí que se llevan a cabo esfuerzos para eliminar las minas cuando éstas representan un peligro para la reparación de infraestructuras dañadas como tuberías, redes eléctricas o líneas de ferrocarril.

“El coste medio para fabricar una mina es de unos 2 dólares. Esa misma mina cuando está bajo tierra, la tarea de encontrarla y desactivarla puede costar unos 1.000 dólares”, asegura Matthias Weinreich del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR).

Sensibilizar a las poblaciones locales sobre los peligros de las minas antipersonales es una alternativa más realista a corto plazo. La UE, la Cruz Roja y la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) están trabajando en campañas de información, mientras que Kiev utilizan señales para identificar los campos de minas.

La Cruz Roja incluso ha instalado baños portátiles en puntos de control en los que se sabe que hay minas, para evitar que la gente se aleje de los caminos para hacer sus necesidades.

Incluso cuando la guerra haya terminado será casi imposible declarar un campo libre de minas al 100%. Pero, en última instancia, el mayor problema no solo sería económico o de logística.
Como sugiere el político y bloguero militar ucraniano Dmytro Tymchuk: “Las minas son la señal de la falta de confianza entre nosotros y ellos”.