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Cómo la catástrofe de Germanwings traumatizó a un pueblo de montaña

“En las primeras semanas, a los vecinos les paraba la policía cuando volvían a casa y les registraban los coches, ... algunos me dijeron que tenían

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Cómo la catástrofe de Germanwings traumatizó a un pueblo de montaña

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“En las primeras semanas, a los vecinos les paraba la policía cuando volvían a casa y les registraban los coches, … algunos me dijeron que tenían la impresión de sufrir un castigo por una situación de la que no tenían culpa alguna y que les afectó mucho además”.

El periodista freelance Nicolas Balique, nos muestra un pequeño pueblo francés, el suyo, en el que el choque dramático de un avión de pasajeros en un valle alpino ha cambiado la vida de sus amigos y vecinos de siempre. Y todo por la actuación de un piloto alemán mentalmente corroído.

El 24 de marzo de 2015, un Airbus A320 de la compañía de vuelos baratos Germanwings, chocó contra una montaña en su ruta de regreso a Dusseldorf desde Barcelona. Las 150 personas a bordo murieron en el acto. Más tarde se supo que el copiloto del avión había provocado deliberadamente la colisión.


Foto de Nicolas Balique. Copyright : Max Tranchard.

Balique narra en su libro Regreso a Vernet. Mi pueblo después del accidente, cómo fué uno de los primeros en llegar a la escena de la tragedia.

“Parecía imposible que un avión de ese tamaño hubiera podido reducirse a casi nada, como si la montaña se lo hubiera tragado”, dijo a euronews. “Lo único que fuí capaz de hacer en ese momento fue rezar”.
Balique dice que no pudo dejar de pensar en los momentos finales de los pasajeros, tanto es así que sentía que tenía que volver sobre el último minuto de la ruta del avión a pie, dos horas a través de montañas escarpadas, para tratar de comprender su experiencia.

Otros residentes resultaron también afectados emocionalmente por el desastre que llegó a sus puertas. A pesar del caos que llegó al pueblo en forma de centenares de periodistas, policías, investigadores de accidentes y compañías de seguros los residentes locales dieron la bienvenida a los familiares de las víctimas con los que crearon vínculos que durarán toda la vida.


Foto de Vernet. Copyright : Max Tranchard

Desde el principio se hizo notar la intensa presión de los medios de comunicación que llegaron en tromba a la zona – “Había cámaras por todas partes, camionetas para las conexiones vía satélite y una nube de periodistas a la caza de testigos, pero no hubo testigos…”. Los rumores camparon a sus anchas ante el vacío de información como el que sugería que los lobos se habían comido los cuerpos. “Hay lobos en la zona, pero con la fuerza del choque y el combustible vertido por todas partes, ¿Cómo puedes pensar que incluso podrían haber conseguido acercarse?” se pregunta Balique.

La mayor parte de los medios de comunicación hicieron su trabajo de una manera profesional. Unos pocos acosaron a los vecinos en sus casas reclamando comentarios e incluso ofreciendo dinero para que les hicieran de guías en un recorrido por la zona.

La presión que supone alimentar un ciclo informativo de 24 horas equivalía a tener una constante nube de informadores preguntando, insistiendo, fotografiando, grabando. Después de días y semanas bajo un escrutinio constante, sin descanso, el pueblo cambió para siempre.

“Los vecinos del valle nunca podrán ver sus montañas como antes,” asegura Balique. “Cada vez que miran hacia las cumbres, el horror vuelve inmediatamente a sus corazones. Todo el mundo piensa mucho en ello, pero no lo hablan apenas. Incluso entre ellos mismos les resulta difícil abordar el tema.”