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Fallos y despropósitos en la investigación sobre los atentados de Bruselas

Casi dos semanas después de los atentados que asolaron Bruselas, la investigación se estanca y poco a poco se han puesto de relieve fallos, errores y

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Fallos y despropósitos en la investigación sobre los atentados de Bruselas

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Casi dos semanas después de los atentados que asolaron Bruselas, la investigación se estanca y poco a poco se han puesto de relieve fallos, errores y despropósitos. Para comenzar, veamos este reportaje de la RAI sobre la historia de algunos de los sospechosos.

Protegidos por una falsa identidad

« Un Alias », una falsa identidad para trabajar tranquilamente en la organización que hoy en día se considera como el terror de Europa.

El nombre que eligió el terrorista de Bruselas no era el de un perfecto desconocido: Kalid El Bakraoui, que activó su cinturón de explosivos dentro del metro de Bruselas, se hacía llamar en septembre de 2015, Ibrahim Maaroufi, el nombre de un joven marroquí jugador de fútbol.

Y ha sido al comprobar fechas, deplazamientos y gastos realizados por los comandos de Bruselas y París, que todas las piezas del puzzle y de la investigación, han comenzado a encajar en su sitio.

El-Bakhraoui se fue de Bélgica a finales de julio. Pasó por Italia donde apenas permaneció 24h, el tiempo justo para hacer alto en Treviso y tomar un avión desde Venecia a Atenas.

Grecia es el país que contra su voluntad se ha convertido en un sitio de tránsito, una zona gris, en el corazón de Europa, donde los terroristas se sientieron libres de moverse, reunirse y planear, según los servicios de inteligencia, lo que ocurrió después.

En Grecia, El-Bakhraoui se reúne con Salah Abdeslam, brazo armado de la masacre de París. Él llegó desde Bélgica en coche hasta Bari, para rápidamente coger el barco hacia Patras.

Abaaoud, el cerebro del grupo, alquiló un apartamento en Atenas en el que se encontró un plano del aeropuerto de Bruselas, escena de la masacre 13 meses después.

En septiembre, El Bakraoui reaparece en Charleroi en Bélgica. Los tres hombres alquilan, por un año, el apartamento en la Rue de Fort.

Para firmar el contrato, utilizan una falsa identidad, la de Ibrahim Maaroufi, futbolista, nacido en Bruselas en 1989.

En Italia, todavía se recuerda al exfutbolista del Inter de Milán, sus comienzos bajo la dirección de Mancini, apenas 6 partidos entre la Copa de Italia y el Campeonato nacional.

Un meteoro cuya carrera prosigue en Europe, fichado por Schaerbeek, ironía del destino, equipo en el que aún juega hoy en día, el barrio en el que los kamikazes se escondieron y del que partieron en taxi para cometer una masacre.

Turquía avisó de los lazos que los kamikazes tuvieron con el Dáesh

Ibrahim El Bakraoui fue expulsado de Turquía en 2015. Al revelar esto, Ankara ha puesto a las autoridades belgas en una situación difícil, llevando a los ministros de Justicia e Interior a presentar su dimisión que no fue aceptada.

Veamos este reportaje de la televisión turca. @trtzaferkiray

“Uno de los terroristas de Bruselas es la persona que detuvimos en Gaziantep en junio de 2015 y que fue expulsado después, fuera de nuestras fronteras.”

El kamikaze, Ibrahim El Bakraoui, que cometió el sangriento atentado en el aeropuerto de Bruselas, no estaba solo hace nueve meses, cuando vino a Gaziantep, al sureste de Turquía.
Iba acompañado por Samir Alamyr, un joven alemán al que conoció por Internet.

Ese mismo día, los dos sospechosos se habían reunido con tres personas de nacionalidad turca, que debían ayudarles a entrar en Siria para unirse al Dáesh, según el periódico Habertürk.

La policía detuvo a los sospechosos que fueron puestos en detención preventiva. El Bakraoui, en su declaración, se defendió afirmando que él estaba en Turquía “como simple turista y que quería visitar los museos de Gaziantep”.

Pero, la policía comprobó que El Bakraoui no había estado en los sitios que había dicho en su declaración. Basándose en sus contactos telefónicos, la policía reveló que Bakraoui y Alamyr tenían lazos directos con otros militantes del grupo Dáesh. Tras permanecer bajo estrecha vigilancia durante un mes, los dos sospechosos fueron enviados a los Países Bajos por petición expresa de ellos.

Las autoridades turcas avisaron a Alemania y Bélgica, con un mensaje electrónico, en el que precisaban los lazos directos de los sospechosos con la organización terrorista Dáesh.

Errores de cooperacion entre servicios secretos

El FBI colabora en la investigación en Bélgica, pero veamos en este reportaje de la televisión rusa qué fallos y errores se cometierons en la cooperación entre los servicios secretos de EE.UU., Bélgica y Holanda.

Imagínense la situación: la policía de una gran metrópolis de un estado “X” tiene la certeza alarmante de que del otro lado del Atlático se está preparando un ataque terrorista en el Estado “Y”. Pero los servicios de inteligencia llaman y transfieren la información al estado “Z”.

Seis días después, varias explosiones matan a 30 personas, hiriendo a otras 350. ¿Pero por qué no sirvió de nada la advertencia? ¿Quizá no la tuvieron en cuenta? La respuesta es simple: la información no llegó a su destinatario.

La cuestión es que EE.UU. se equivocó de país y envió la información a Holanda y no a Bélgica.

En esta carta el ministro de Justicia de Holanda trata de justificarse ante el Parlamento:

“Tratamos de saber de dónde viene el problema, hemos constatamos que el departamento de comunicación de la Embajada holandesa en Washington recibió el mensaje, pero no del FBI. Los servicios secretos informaron a la policía sin precisar la fuente. Tras el ataque, cuando nos dijeron que habíamos sido informados por EE.UU., tratamos de encontrar el mensaje del FBI.”

Y, por supuesto, el mensaje nunca apareció. El ministro prometió pedir una explicación a EE.UU, para que justificara esa confusión, y repitió: Sólo me hablaron del FBI.

El ministro de Justicia, Ard van der Steur envió esta carta a los diputados tratando de justificar lo que ocurrió. El debate sobre los atentados terroristas en Bruselas resultó un fracaso. Dos horas después, fue interrumpido, pues los parlamentarios empezaron a insultarse. E incluso quienes no se consideraban de la oposición, le han dado la espalda al Gobierno, como explica Sybrand van Haersma Buma, líder del partido Appel démocrate-chrétien (CDA)

“Ahora dicen que no saben de donde vienen esa información. Hemos pasado dos horas enredados en una discusión sin sentido. Esto es de una excepcional incompetencia. El país espera que la persona responsable de su seguridad, comprenda al menos las fuentes de información.”

La policía holandesa prefiere guardar silencio. Sin embargo, Ard van der Sture asegura que La Haya transfirió todos los datos a Bruselas el 17 de marzo, es decir 5 días antes de la tragedia.

“Al parecer la carta habría desaparecido, dice un experto ruso. Por eso el Gobierno belga asegura que no sabían nada a los hermanos El Bakraoui. Pero, desde EE.UU insisten con que hace 20 días, varios responsables de la CIA fueron a Bélgica. Y, según ellos no les recibieron, por falta de tiempo.”

Pero ahora se han puesto de acuerdo en colaborar. Los servicios secretos belgas incluso habrían compartidos con sus homólogos estadounidenses los elementos principales de la investigación: es decir, los ordenadores portátiles y los teléfonos móviles de los terroristas.

De hecho, no fue necesario enviar dichas pruebas por valija diplomática, pues agentes del FBI, de la CIA, e incluso de la policía de Nueva York fueron enviados a Bruselas inmediatamente después del ataque.