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El negocio de la seguridad en 'la jungla de Calais'

En plena ‘jungla de Calais’, un nuevo campamento hizo su aparición en enero pasado. Aquí no hay tiendas de campaña, si no 125 casas prefabricadas que

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El negocio de la seguridad en 'la jungla de Calais'

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En plena ‘jungla de Calais’, un nuevo campamento hizo su aparición en enero pasado. Aquí no hay tiendas de campaña, si no 125 casas prefabricadas que pueden acoger hasta 1.400 inmigrantes. Este es un lugar con calefacción, equipado con literas y que ofrece un poco de descanso en la peligrosa ruta del exilio.

“En este campamento, estás a salvo”, explica el inmigrante afgano Hayatullah Hayat Sirat. “Pero cuando sales, no hay seguridad”.

En efecto, es imposible acceder a su interior si no se posee las credenciales. Código de acceso, sistema biométrico de reconocimiento de la mano, vallas, cámaras de vigilancia… Ante la violencia que reina en ‘la jungla’, la asociación La Vida Activa, encargada por el Estado de gestionar el campamento, ha optado por la máxima seguridad.

“¡Imagínese que, si no hubiera habido alambradas y tampoco un sistema de reconocimiento de huellas dactilares!”, enfatiza el director de la asociación La Vida Activa, Stéphane Duval. “Las personas por cada caseta ahora no serían doce si no cuarenta”.

Una decisión que incrementa la factura. Asociación y prefectura de policía no lo detallan, pero reconocen que la seguridad acapara buena parte de los 23 millones de euros de presupuesto del campamento. Algo bienvenido para la sociedad Biro, adjudicataria de la gestión.

Su responsable confirma fuera de cámara que ha contratado a quince personas para ello. Y también hay vigilancia en torno al campamento y guardia en los aparcamientos de camiones que van a Inglaterra. La crisis migratoria está creando empleo en Calais. Tal como explica Laurent Roussel, presidente de los comerciantes del barrio contiguo:

“Hoy en día, el joven que quiere trabajar, el que lo desea, se puede dirigir a la oficina de empleo para efectuar una formación sobre seguridad. Y dispondrá de dos posibilidades sobre tres de trabajar. Ahora, es casi el mejor empleo en Calais”.

Y no solo es en el norte de Francia donde la inmigración ha aumentado la actividad de las empresas de seguridad. El sistema biométrico del campamento se ha concebido en las afueras de París. Para su director, no hay duda de lo prometedor del asunto.

“Los flujos migratorios pueden representar un catalizador para nuestro mercado”, se felicita el director de Zalix Biométrie, Alain Choukroun. “Lo pueden ser porque la biometría es la única tecnología que ofrece de forma segura la identificación de una persona. No sé si esto está ligado a los flujos migratorios o se trata de flujos migratorios ligados a los actos terroristas que ha sufrido Francia. Pero lo cierto es que hay una mayor demanda de seguridad. Algo que constatamos de forma importante”.

Pero, ¿no es peligrosa una subcontratación de la crisis migratoria? Claire Rodier, autora del libro en francés ‘El negocio de la xenofobia’, denuncia las derivas:

“Para estas empresas privadas, el objetivo no es tanto asegurar una buena política como es el caso de los Estados. Si no que su objetivo es la rentabilidad. Algo que necesariamente tendrá un impacto en las condiciones materiales con las que se trata a las personas. Con una degradación de la situación, como se ha comprobado en algunos países de manera muy clara”.

Pese a los riesgos, los países europeos confían cada vez más la seguridad a empresas. Sobre los trece mil millones de euros invertidos en seguridad en las fronteras y el interior del territorio europeo en los últimos quince años, más del veinte por ciento se han destinado a compañía privadas.