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Turquía: los traficantes de personas se lucran con la crisis migratoria

Algunos traficantes de personas en Turquía sacan provecho de la crisis migratoria para hacer negocio. Muchos de ellos, provenientes de Siria, han encontrado una forma de ganar dinero. A las autoridade

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Turquía: los traficantes de personas se lucran con la crisis migratoria

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El distrito de Aksaray, en Estambul, es el lugar en donde muchos solicitantes de asilo van a buscar traficantes que los ayuden a viajar a Europa. Abu Khaled es un traficante proveniente de la ciudad Daraa, en Siria. Él está a cargo de una red de 15 personas más que transportan a los migrantes por tierra hacia Grecia y Bulgaria.

Abu Khaled, quien ha pedido ocultar su rostro, va a encontrarse con uno de los hombres que trabaja para él y que tiene consigo a un candidato a la emigración.

Migrante: “Deseo viajar con mi esposa y mis cuatro hijos. También con mi hermano, su esposa y sus dos hijos.”

Traficante: “Podemos llevarlo desde aquí hasta Estambul, a la frontera. Tendrá que caminar máximo 2 horas.”

Migrante: “¿Cuál es su último precio?”

Traficante: “Calculamos unos 2.300 euros.”

Migrante: “No me debería cobrar por los niños. Vendí las joyas de mi esposa y mi hermano también para poder viajar.”

Traficante: “Es imposible. Ya le he dicho que solo hago un descuento a los menores de dos años. Avíseme cuando llegue a Grecia y esté seguro de que no lo van a devolver. A partir de ese momento ya no me ocuparé más de usted.”

Por razones de seguridad, Abu Khaled se ha negado a dar detalles sobre la red de traficantes.

Traficante: “Nadie puede dar detalles de este trabajo. No puedo dar ninguna información, si lo hago me arrestarán.”

Negociante: “No puede grabar aquí, eso es ilegal. Si la gente ve esto dirán que él quiere su propia muerte, incluso si su voz llega a ser reconocida. La Policía puede arrestar a cualquiera por cosas muy pequeñas. Además, la gente se preguntará cuánto dinero ganará por traficar gente.”

Una larga espera en Izmir

En el distrito de Basmane, en Izmir, los migrantes esperan a que el clima mejore y el nivel de las olas baje para poder viajar a Grecia.

La mezquita de Basmane es uno de los puntos de encuentro entre los traficantes y los migrantes. Abu Mohammed y su familia vienen de Al Raqa, un feudo del llamado Estado Islámico en Siria. Abu Mohammed y su familia duermen en el interior de la mezquita hasta que logren viajar a Europa.

Migrante: “Mis dos hijos son gemelos e inválidos. Me gustaría viajar con ellos para poderles hacer un tratamiento.”

En Izmir, aquellos que negocian con los traficantes deambulan libremente por las calles en busca de migrantes para mandarlos en lanchas inflables a Grecia. Abdu es un negociador sirio. Se ha acercado a Abu Mohammed para ayudarle a viajar.

Negociante: “Por cada persona cobro 482 euros.”

Migrante: “Pero hay otros que cobran menos. Desearíamos un poco de ayuda con un descuento.”

Negociante: “Hay otros que cobran 600 euros, lo juro! Pero el dinero no es para nosotros, es para el jefe, entiende? Nosotros pagamos el hotel, los gastos, todo está bien organizado. Si el tiempo es bueno, podemos ayudarlos a cruzar, pero si hay un mal clima, no vamos a tomar el riesgo. En total, 35 personas viajan en una lancha de caucho. Y bueno, con respecto al dinero, en dónde lo quiere guardar?”

Migrante: “¿Podemos depositarlo en una oficina?”

Negociante: “Podría ser en una oficina o con alguno de sus familiares”

El negociante cuenta que recibe 20 euros por cada persona. El resto del dinero va para los grandes traficantes. La mayoría de ellos son turcos y sirios y el jefe del grupo siempre está en la oficina. Si los traficantes confiesan lo que hacen, irían directo a la cárcel, asegura el negociador. Hay muchos controles y deben enfrentar muchas dificultades.

Pero ese día no vimos ningún control de la Policía. Acompañamos a Abu Mohammed y al negociante a una tienda turca en donde los migrantes pueden depositar el dinero que tienen para viajar hasta que logren llegar a su destino. El propietario, un hombre turco, nos explica cómo funciona el sistema de depósito.

Propietario: “¿Cuál es su nombre?”

Migrante: “Mohammed Nour Eddin.”

Propietario: “Bueno, su código puede ser su nombre por ejemplo, Mohammed Nour Eddin.”

Migrante: “¿Y un código con números también?”

Propietario: “Un código numérico o su nombre, no importa. Después, el negociante viene aquí y me da ese código o su nombre y yo le doy el dinero.
Este hombre por ejemplo, él pagó 5.500 euros. Se llama Abdelkarim Hussein, tengo su teléfono y código.”

Periodista: “Y si él no logra llegar a Grecia, le van a devolver el dinero?”

Propietario: “Si él vuelve, el dinero seguirá aquí. Después de 50, 40 o 30 días puede recuperarlo sin problema.”

Negociante: “Depositamos el dinero en tiendas u oficinas, pero si el cliente no desea dejarlo en ninguno de estos sitios, puede dejarlo con sus familiares.
Cuando la persona llegue a Grecia, deberá llamar a sus parientes para que ellos le paguen al traficante. Pero si no llega a Grecia, nos debe decir para que no le cobremos.”

¿Y qué pasará con el dinero si el migrante muere en el mar? El traficante no nos dirá esto.

Migrante: “Hemos visto que algunos traficantes piden 480, 520 o 600 euros. Nos hacen promesas todos los días, y el clima no mejora. Pero estas son sólo palabras para estafarnos. Muchas personas han sido estafadas por 13 euros y otros por 17.000 euros.”

Al marcharnos de Izmir, Abu Mohammed seguía aún buscando a un traficante al que pudiera de alguna forma confiar la seguridad de su familia y evitar una estafa. Entre el peligro de arriesgar la vida en el mar y la pérdida de los ahorros de toda una vida, miles de migrantes siguen siendo presas fáciles de los traficantes sin escrúpulos.