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Los movimientos provida manifiestan para prohibir el aborto en Polonia

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Los movimientos provida manifiestan para prohibir el aborto en Polonia

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En Polonia, las asociaciones en contra del aborto han puesto en marcha una campaña para prohibir el procedimiento. En total, necesitan 100.000 firmas para que el Parlamento revise los cambios en la ley actual que es estricta. Las calles del país son el escenario de una batalla entre los movimientos provida y aquellos que están a favor del aborto.

María es una joven que fue brutalmente violada por un grupo de hombres, quedó embarazada y finalmente eligió abortar. Dice que fue una decisión muy difícil.

María: “Fue una batalla interna con mis pensamientos y mis sentimientos. Lo que me sucedió no era asunto de la Iglesia o de mis padres, tampoco de mis amigos porque no estaban en condiciones de ayudarme. Fue un momento muy difícil para mí.”

Los mensajes contra el aborto se escuchan en las calles de las ciudades polacas: “Los niños mueren a menudo en situaciones crueles”, “Puedes detener este crimen cambiando la ley”, “Firma la petición para un nuevo proyecto de ley que protege la vida de cada niño”, son algunos de los lemas.

Los partidarios de la campaña “Detener el aborto” quieren cambiar el llamado “Compromiso polaco” logrado en los años noventa por un grupo de políticos y la Iglesia. Con la ley actual, una mujer puede abortar cuando ha sido violada, cuando su vida está en peligro o cuando el feto tiene malformaciones. Una prohibición total penalizaría el procedimiento.

Mariusz Dzierzawski, miembro de la Fundación Derecho a la vida: “Con estos carteles, que se pueden ver en decenas de ciudades de Polonia, la actitud de la gente va a cambiar porque pueden ver que el aborto no es un mal menor, sino un asesinato cruel”. Cada vez más polacos están convencidos de que la vida de cada niño debe ser protegida desde la concepción.”

A menudo, los integrantes de movimientos provida evocan la época del comunismo, cuando las mujeres podían abortar libremente, aunque también se les presionaba para hacerlo.

Fryderyk Migaczewski: “En aquellos tiempos, mi madre era maestra y la amenazaron diciéndole que su carrera se vería afectada si tenía un tercer hijo. Como resultado, tuvo que abortar… yo podría haber sido ese bebé.”

En respuesta al proyecto de ley impulsado por las asociaciones provida, miles de polacos han salido a las calles para exigir igualmente la liberalización total de la ley actual.

La activista Karolina Wieckiewicz está a cargo de una línea telefónica para ayudar a las mujeres que tienen problemas legales con relación al aborto. Ha creado igualmente un grupo en Facebook para oponerse a la campaña contra el procedimiento.

Karolina Wieckiewicz, miembro del grupo Elección Recuperada: A las mujeres las humillan y se cuestionan sus decisiones. No se les da el derecho de decidir si quieren poner fin al embarazo y además tienen una gran cantidad de obstáculos para llevar a cabo este procedimiento. No les dicen cuáles son los factores de riesgo cuando el embarazo pone en peligro su vida o su salud. No se les habla sobre las malformaciones del feto, los procedimientos de diagnóstico toman mucho tiempo y como resultado se enteran de las deformaciones del feto cuando ya es muy tarde para abortar.

María sigue de cerca lo que se publica en las redes sociales, sin embargo, dice que no quiere estar involucrada y tampoco quiere aconsejar a las mujeres que desean abortar.

María: “Las mujeres deberían ser las únicas que deciden si quieren hacerlo. En caso de anomalías en el feto, tanto el padre como la madre tendrían que tomar la decisión. Nadie más se debe involucrar.”

María tuvo suerte cuando se sometió al procedimiento, pues un ginecólogo cuidó de ella. El profesor Romuald Debski critica fuertemente el endurecimiento de las reglas existentes sobre el aborto. El especialista asegura que una ley más estricta sería algo peligroso para los pacientes y los médicos.

Profesor Romuald Dębski, ginecólogo del Hospital Bielansky en Varsovia: “Con la nueva ley, un médico que cause la muerte no intencional de un niño que aún no ha nacido, podría tener una pena de hasta 3 años. Sería el fin del diagnóstico y la terapia prenatal y nosotros dejaríamos de ser verdaderos obstetras. Los médicos no correrían el riesgo de ser condenados si tratan de salvar la vida de una mujer. Además, el resultado no siempre tiene éxito.”

María todavía guarda los recuerdos de aquella época y aún se pregunta si podría haber sido diferente: “creo que no habría sido capaz de criar a ese niño, no era el momento apropiado.”

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