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Ayuda urgente ante el desastre en Ecuador

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Ayuda urgente ante el desastre en Ecuador

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El terremoto de magnitud 7,8 en la escala Richter que tuvo lugar en Ecuador el 16 de abril provocó la muerte de al menos 700 personas.
Hubo unos 4.000 heridos. Hoy, cerca de 30.000 personas siguen en refugios temporales. Y unos 2 millones de personas han sido afectadas.

Cuando un país se ve golpeado por un desastre que supera su capacidad, la cooperación internacional es vital. Cuando se produjo el terremoto en Ecuador, el Mecanismo de Protección Civil de la Unión Europea coordinó un plan de cooperación a través de su red de treinta y cuatro países. Denis Lopez dirige este Mecanismo de Protección Civil de la UE:

“Este mecanismo desplegó en seguida equipos de socorro y salvamento. España llegó en primer lugar y después llegaron refuerzos húngaros. Fue una respuesta muy rápida desde el día siguiente.”

Cincuenta socorristas españoles comenzaron sus operaciones en las primeras y cruciales 72 horas tras la principal sacudida, cuando el 80% de las víctimas todavía podía encontrarse con vida bajo los escombros.

Cuando llegamos a Portoviejo, unos diez días después del terremoto, la fase de emergencia había terminado y la intervención entró en una fase de evaluación técnica.

Seguimos a los servicios de Protección Civil italianos, que trabajaron durante unas dos semanas dentro de la llamada “zona cero”, devastada por el terremoto. Roberto Lupica es el jefe del equipo de bomberos italianos que se desplazaron a Ecuador:

“Estamos evaluando los daños estructurales del edificio. Hacemos una estimación de los peligros que puede entrañar, sobre todo en caso de una réplica de la misma magnitud. Comprobamos el estado de unos 70 edificios cada día.”

En la ciudad de Portoviejo se ha revisado el estado de unos 500 edificios. La mayoría de ellos están marcados con bandas de color amarillo o rojo, según tengan daños graves o sean irrecuperables.

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“Este edificio está marcado en color rojo, ¿por qué vuelven a hacer esta inspección?”

“Porque tenemos que confirmar la primera comprobación que se hizo para decidir si este edificio tiene que ser demolido o no”, explica Roberto Lupica.

Esta casa va a ser destruída, igual que muchas otras de los alrededores. Algo difícil de aceptar para la familia de Julissa, propietaria del lugar.

“Mi mamá vivía de estas rentas. No hay dinero, ahorita no tenemos el dinero suficiente para construir esto. ¿Cómo uno va a poder levantar otra vez este edificio?”.

En la ciudad costera de San Pablo de Manta hay toda una zona de acceso restringido donde los residentes han podido volver a sus casas sólo para recuperar sus pertenencias antes de la demolición. Como nos cuenta con tristeza, Carlota Lopez Alsibar residente en Tarqui:

“No sé que irá a pasar con nosotros. Esto era una parroquia.. Mi hija venía por aquí.. Esto tal vez era lo mejor de Tarqui, porque la gente venía aquí al mercado”.

En San Gregorio de Portoviejo, en la provincia de Manabí, visitamos al equipo que coordina a los diferentes voluntarios enviados desde el viejo continente para apoyar a las autoridades locales.

“Toda la información sobre el terremoto llega aquí. Y es aquí donde se estudia cómo responder y qué tipo de unidades hay que enviar.”

Julián Montero Caballero es el subdirector del Mecanismo de Protección Civil de la UE:

“En el equipo de coordinación somos nueve expertos de ocho países. El equipo italiano ha hecho sólo ingenieria estructural, el equipo francés ha hecho ingenieria estructural y purificación de aguas. Hay tres britanicos que han venido coordinados con nosotros y que han hecho ingenieria estructural tambien”.

La Unión Europea ha destinado un millón de euros en concepto de ayuda humanitaria inicial. Este dinero ha sido utilizado entre otras cosas para distribuir comida y agua.

Unos 350.000 paquetes de alimentos fueron entregados en las primeras dos semanas tras el seismo.

El Ejército ecuatoriano distribuyó cajas con comida para tres días en las zonas rurales de la localidad de Rocafuerte, con el apoyo del Programa Mundial de Alimentos.

Sin embargo, esta vecina de la pedanía de Tierras Amarillas, en Rocafuerte sabe que, aunque hoy pueda comer, el terremoto ha destrozado una parte de su vida.

“Mi casa se me cayó totalmente, dice Erva Enormina. Yo me he quedado en la calle. Están dando la comidita, vienen cada dos o tres días”.

La falta de agua potable fue uno de los problemas más graves después del temblor. Una semana después del desastre, en la ciudad de San Cayetano de Chone un equipo francés instaló este sistema de purificación para el agua, como destaca el Capitán Ghislain:

“Podemos producir 70 metros cúbicos al día y distribuímos una media de 60 a 65 metros cúbicos, o bien rellenando bidones directamente, como ven aquí detrás. O bien yendo con vehículos y camiones cisterna llevando el agua a la población”.

La asistencia técnica internacional ha permitido a Ecuador adquirir la experiencia necesaria sobre los procedimientos más avanzados de intervención, que serán útiles en el momento de la reconstrucción.

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