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Francia: ¿Marca la reforma laboral la muerte política de Hollande?

Francia vuelve a estar inmersa en una enconada crisis política y social.

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Francia: ¿Marca la reforma laboral la muerte política de Hollande?

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Francia vuelve a estar inmersa en una enconada crisis política y social. Las protestas contra el proyecto de reforma laboral se generalizan en el país, donde ya se registra desabastecimiento en algunas gasolineras.

La propuesta, que acaba en la práctica con principios intocables para la izquierda, como las 35 horas semanales, y admite los despidos colectivos por dificultades económicas de las empresas, ha sido duramente criticada por los sindicatos que preparan nuevas acciones contra lo que califican de “ley de la patronal”.

Laurent Casanova, dirigente del sindicato local de transportistas:
“El objetivo es paralizar el tráfico, los camiones, bloquear la economía e intentar organizar bloques para que se sepa claramente que nuestra movilización podría aumentar.”

Pero la amenaza de bloquear el país no ha conseguido que el Gobierno dé marcha atrás. Es más, el Ejecutivo ha hecho saber por boca de su ministro de Finanzas que algunas acciones de bloqueo de gasolineras y refinerías no son legítimas y que utilizarán todos los medios para que cesen.

Con más del 10% de paro y una economía que no acaba de despegar, el presidente socialista, François Hollande está decidido a seguir adelante con la reforma que le pide desde hace años Bruselas, inspirada en la actual normativa española del Gobierno de Mariano Rajoy, según ha admitido el primer ministro, Manuel Valls.

El problema es que la batería de medidas que tiene que obtener aún la aprobación del Senado, se cuestiona desde todos los frentes; para la derecha y la patronal francesa es demasiado tímida, mientras que los sindicatos denuncian un retroceso peligroso en los derechos de los trabajadores.

El “decretazo” para aprobar la reforma laboral llevó la semana pasada a la oposición conservadora y de centro a plantear una motion de censura contra el Gobierno, algo insólito en la Quinta República.

Aunque el Ejecutivo socialista superó la prueba, a un año de las presidenciales, a Hollande y sobre todo a Valls les atacan desde todos los frentes, incluidos los llamados “disidentes” de su propio partido.