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Explotación y tráfico de personas, una lacra que se extiende por el Reino Unido

“Nos pegaron, nos pusieron al teléfono y empezamos a llorar y a gritar.

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Explotación y tráfico de personas, una lacra que se extiende por el Reino Unido

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“Nos pegaron, nos pusieron al teléfono y empezamos a llorar y a gritar. Dijeron a mi familia que si no pagaban me matarían. Que me utilizarían para muchas cosas, que me quitarían el riñón y cosas por el estilo. Cuando mi familia no pagó, me utilizaron como esclavo sexual, para tener sexo con varias personas. Nos violaron y creo que les pagaron por eso”.

Peter, nombre ficticio, tenía 15 años cuando los traficantes lo apresaron y le vendieron como esclavo sexual.

Le llevaron desde Oriente Próximo al Reino Unido. Su familia nunca pagó lo que pedían sus secuestradores.

“Fue muy duro. No sé cómo describirlo. Fue horrible. Quería morirme para no tener que hacer eso. Me forzaron a hacerlo”, decía Peter.

“Lo que le pasó a Peter es estremecedor. Llegó aquí al Reino Unido en el tráiler de un camión y nos han dicho que también hubiera sido explotado sexualmente aquí sino hubiera sido encontrado por los agentes de inmigración. Su caso no es raro. Este informe muestra a las víctimas de tráfico de personas en el Reino Unido el año pasado. En uno de los casos, fuerzan a una mujer vietnamita a prostituirse. Sus captores amenazan con matar a su padre. En otro, obligan a un hombre polaco a trabajar cada día por 13 euros. Le encerraban y le golpeaban si intentaba escaparse. Es un catálogo de la explotación en el siglo XXI”, apuntaba el reportero de euronews, Damon Embling.

“Trabajaba 15 horas al día y solo paraba dos veces para ir al baño. No nos dejaban hablar con nuestros compañeros ni tampoco con los clientes”.

Sara, también nombre ficticio, llegó al Reino Unido desde Asia para estudiar pero fue forzada a trabajar cada día en una cafetería por un sueldo ridículo y recibiendo las constantes amenazas de su jefa”.

“Me decía que si la denunciaba, llamaría a los de inmigración y me deportarían. También temía que llamara a mis padres y que les dijera que estaba haciendo algo malo, que perjudicara a mi familia, como que dijera que estoy con varios hombres. Eso es algo muy malo en la cultura de mi país y puede suponer la muerte de alguien”, añadía Sara.

Sara aguantó dos años así hasta que fue rescatada.

Varias asociaciones británicas dan apoyo y alojamiento seguro para las víctimas del tráfico de personas.

En el último año han sido identificadas más de 3.200 presuntas víctimas en el Reino Unido, un aumento del 40% en relación al año anterior.

Sadia Wain trabaja para una de estas asociaciones y también fue víctima de una de estas redes.

“La deuda que contraen con los traficantes por haberlos traído aquí supone que tienen que pagar el billete y si no lo pagas tienes que pagar más y la deuda no deja de crecer. Solo crece y si te niegas a trabajar de lo que te dicen, prostituyéndote o sirviendo en alguna casa o cualquier otro empleo forzado, amenazan a tu familia. Es así como consiguen explotarte”, apuntaba Sadia Wain, de la asociación Hestia.

El Ejército de Salvación, una organización cristiana que ayuda a las víctimas de la explotación, suele lanzar campañas como esta en la que simula en el centro de Londres la venta, a precio de saldo, de varias personas.

La Policía asegura que el crimen organizado puede llegar a apresar y vender a una persona por 13.000 euros.

“No necesitan pagar mucho por ella. Hoy la vendo a 12.000 euros”, interpretaba uno de los actores del Ejército de Salvación.

A principios de año, la Policía lanzó una operación por todo el Reino Unido contra el tráfico de personas y la explotación. Encontraron a 100 presuntas víctimas y se hicieron más de 25 detenciones.

Una gota en el océano si tenemos en cuenta las estimaciones de algunos organismos que hablan de 80.000 personas explotadas en el país.

El Centro de Tráfico de Personas reconoce que la explotación puede aumentar con la actual crisis migratoria que vive Europa.

“Creo que el gran número de personas que entra en Europa supone un riesgo para el Reino Unido. Algunas de estas personas están decididas a venir aquí y las circunstancias a su llegada pueden hacer que estén desesperadas por encontrar un trabajo, así que son muy vulnerables a cualquier tipo de explotación. Esto es un crimen oculto y que en muchas ocasiones se apoya en problemas de diferencias culturales que son muy difíciles de gestionar por la Policía. Solo podemos actuar si vemos la explotación y si tenemos un caso que investigar”, comentaba Martin French, jefe del Centro de Tráfico de Personas.

Las víctimas de explotación vienen de todos partes, Albania, Nigeria, Eritrea o Afganistán son algunos de los países.

Pero también hay muchos de dentro de la Unión Europea, como Hungría, Lituania, Polonia y Rumanía.

En febrero, detuvieron a un fabricante de colchones inglés por esclavizar a varios húngaros. Les pagaba 13 euros a la semana y estaban alojados en condiciones infrahumanas. Pero no solo se explota a adultos. Los niños también son víctimas.

“Los datos publicados por la Comisión Europea a principios de año muestran que el tráfico de menores va en aumento. A esto hay que sumarle la desaparición de miles de niños que en esta crisis de los refugiados están emigrando solos”, añadía el reportero de euronews, Damon Embling.

“Los menores que no están acompañados y que vienen de muy lejos están llegando al Reino Unido. Cuando son encontrados se les lleva al sistema de atención sanitaria pero después desaparecen. Está claro que muchos de ellos están bajo el control de traficantes, seguramente porque amenazan a sus familias pero también por otras razones. Suelo decir que los niños y las personas explotadas tienen un vínculo con los traficantes que es difícil de romper. Toda la lucha contra esta lacra se basa en el delito ya realizado y en las amenazas. Todavía no tenemos una imagen clara del tráfico en este país y queda mucho por hacer para que la podamos tener”, apuntaba el jefe de la campaña “Stop el Tráfico de Personas”, Neil Giles.

El Gobierno británico asegura que va a hacer todo lo posible para acabar con este problema.

Ya se ha aprobado una ley para identificar y apoyar a las víctimas y para detener a todos los explotadores.

“Hace tiempo que pasó pero cuando estoy sola me acuerdo de todo. Ya no tengo que escuchar las amenazas, ni preocuparme por poder ir al baño solo dos veces. Ahora estoy curándome y ocupándome de mi misma”, decía Sara.

“Ha afectado mucho a mi vida. Todavía no puedo dormir por las noches. Tengo pesadillas y estoy asustado. Todas las noches, antes de irme a la cama me aseguro de que las puertas están cerradas, varias veces, y no confío en nadie”, concluía Peter.