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La peligrosa resistencia a los antibióticos

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La peligrosa resistencia a los antibióticos

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Casi no se habla. Sin embargo, la resistencia a los antibióticos podría ser la gran amenaza mundial para nuestra salud. Algunos expertos hablan de decenas de millones de muertes anuales para el año 2050.

El abuso y falta de control de los tratamientos antibióticos es una de las razones, pero también el desarrollo de superbacterias resistentes a todos los antibióticos a través de la carne que comemos.

¿Por qué las granjas utilizan los antibióticos? ¿Cómo se transmiten las bacterias resistentes de los animales al ser humano y qué hacer para revertir este fenómeno?

Insiders se traslada a Lleida, España, unos de los países que más antibióticos usa en la cría de animales.

A los europeos les encanta la carne. Según la OCDE, cada año se consumen en Europa una media de 10 kilos de ternera, cerca de 22 kilos de pollo y 31 kilos de cerdo.

Pero lo que no todos saben es que el 50% de los antibióticos producidos en Europa se destinan a la cría de animales. Un uso masivo que contribuye a que las bacterias cada vez se hagan más resistentes a los antibióticos.

Entonces ¿Por qué los criadores utilizan tantos antibióticos? La pregunta la vamos a hacer en un lugar de Cataluña repleto de granjas de cerdos: Lleida.

En la granja de Neus y Axel nacen 120.000 lechones cada año. Ellos cumplen estrictamente el reglamento que prohíbe desde 2006 el uso de antibióticos para engordar al animal. Aquí sólo son utilizados para combatir enfermedades o prevenir contagios masivos.., y siempre los limitan al máximo:

“Por ejemplo, si sólo un lechon tiene diarrea solo pondremos antibiótico a este lechón. Pero si tienen diarrea más de tres pondremos a los trece que tienen alrededor, pero no al resto”, explica Neus Serentill, directora de la granja Terraple, en Lleida.

Para limitar el consumo, Neus también utiliza un programa informático que lleva cabo un seguimiento diario de la alimentación de sus 3.500 cerdos:

“Podemos ver las cerdas que no han comido hoy y esto nos permitirá detectar la enfermedad antes y usar menos antibioticos al final.”

Pero para Neus, utilizar menos antibióticos es también sinónimo de calidad, una manera de ser más competitiva y una cuestión de respeto a los animales. Neus cuida cada detalle:

“Hay algunos lechones pequeños que no pueden comer, entonces se les tienes que ayudar a que coman el calostro porque es muy importante durante las primeras 24 horas, para fortalecer su sistema inmunitario.Cuanto más calostro comen, menos enfermedad y después también menos antibiótico.”

Según un riguroso estudio británico, de aquí a 2050, la resistencia a los antibióticos de las bacterias que causan las infecciones comunes podría ocasionar más muertes que el cáncer, con más de 10 millones de víctimas anuales.

¿Cómo se transmite esta resistencia de los animales a las personas y sobre todo, cómo los criadores de animales pueden contribuir a frenar este fenómeno?

En el Hospital Clínic de Barcelona, encontramos parte de la respuesta.

Jordi Vila, jefe del Departamento de Microbiología del Hospital Clínic de Barcelona y Director de la Iniciativa de Resistencia de Antibióticos de ISGlobal, es es uno de los más respetados especialistas europeos en resistencia a los antibióticos:

“En el tracto intestinal de los animales hay microbiota bacteriana, viven bacterias sin problema alguno. Durante mucho tiempo se suministró antibióticos a los animales como factor de crecimiento y los animales crecian mas rapidamente. Tanta presencia crea mutantes, bacterias resistentes a los antibióticos, que pueden llegar al ser humano.”

Para Jordi no se debe estigmatizar a los criadores de animales ya que no son los únicos responsables de las llamadas superbacterias, algunas de ellas resistentes a todos los antibióticos. El origen del problema, nos dice, es mucho más global y hacen falta algunas precauciones. Por ejemplo, para evitar la transferencia de bacterias del animal al ser humano la carne debe cocinarse un mínimo de 10 ó 15 minutos a 60 ó 70 grados. Y ojo, porque también es muy importante lavarse las manos.

“Si nosotros estamos limpiando un pollo, nuestras manos pueden quedar contaminadas con bacterias resistentes que proceden del pollo. Si no nos lavamos las manos y despues de limpiar el pollo preparamos una lechuga, cortamos la lechuga, estoy pasando las bacterias resistentes del pollo a la lechuga y la lechuga me la como directamente.”, advierte el investigador Jordi Vila.

Para los carniceros la cuestión también es muy relevante y actual. Los clientes cada vez se fijan más en la calidad en general de lo que compran, y en concreto, si hay presencia de antibióticos.

Pero queda el problema del precio. En una carnicería nos muestra un pollo ecológico que vale seis veces más que un pollo convencional. Rosa María Morillo es carnicera:

“Un poco mas de información iría bien ya que no se vendería tanta carne envasada y en cambio este tipo de carne está primera en lineas de venta y no el carnicero tradicional.”

Aunque los criadores no sean los únicos responsables, muchos expertos piden una reducción drástica en el uso de antibióticos en animales.

Europa también podría legislar al respecto.
Otra pista sería el desarrollo de nuevos antibióticos que podrían llegar en una década, siempre y cuando se destinen suficientes recursos a la investigación y se actúe lo más rapidamente posible.

“Si llegamos a un nivel dramático de resistencia tan elevado y no disponemos de nuevos antibióticos, todo el mundo estará predispuesto a tener una infeccion que hace 30 años hubiera sido curada por un antibiótico normal. Dentro de 20 o 25 años a lo mejor no hay antibioticos para curarla.”, concluye Jordi Vila.

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