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¿Sufrimiento innecesario en los mataderos de Francia?

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¿Sufrimiento innecesario en los mataderos de Francia?

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Estas imágenes insoportables han sido grabadas mediante cámara oculta en varios mataderos de Francia.

Según la asociación L214, llamada así por una ley francesa de protección animal, estas prácticas se dan en los mataderos de todo el mundo. Esta asociación ha reavivado el debate sobre la crueldad hacia los animales y ha llevado a las autoridades a cerrar varios mataderos y a poner en marcha una investigación parlamentaria.

Estas grabaciones tienen un impacto negativo en el mundo agrícola. Philippe Notin, tercera generación de agricultores y ganaderos de una granja biológica en la región del Loira, es accionista minoritario del matadero en el que sacrifican a sus animales. ¿Qué siente al conducir a sus animales al matadero?

“Llevar un animal al matadero representa para nosotros más de mil euros. Y es un dinero que necesitamos para vivir y que tenemos previsto en mente desde el principio. Desde que el animal nace sabemos como va a terminar. Sin embargo, queremos que vaya en las mejores condiciones posibles. Yo creo que para un ganadero ver imágenes de cómo se maltrata a los animales… ¡Es terrible!.”

Millones de animales de granja son sacrificados cada día en todo el mundo para su consumo. Según la asociación L214 por la defensa del mundo animal, toda matanza es violenta: la carne feliz no existe.

“Bueno, no es fácil entrar en un matadero. Hemos convencido al director del matadero de Corbas, cerca de Lyon, de abrirnos sus puertas y mostrarnos lo que ocurre aquí. Echemos un vistazo “.

En este matadero se producen 6.000 toneladas de carne cada año, lo que corresponde a unos 60.000 animales. Según los estándares franceses y europeos es un matadero de tamaño mediano. El sacrificio del ganado comienza por la mañana temprano, hacia las cinco o las seis de la mañana.

Los animales llegan el día anterior y, antes de ser degollados, pasan un máximo de 12 horas en el establo donde se les da agua, pero no se les alimenta. Jean-Luc Duperret trabaja en el matadero Cibevial en Corbas:

“Para desollar al buey y a la ternera utilizamos lo que se llama un “matador”. Es una pistola de sacrificio de ganado que acciona un estilete que deja inconsciente al animal y le perfora el cráneo. Bueno, no funciona sistemáticamente, depende del animal, si se mueve o no, y también de la destreza del operador. ¿Y si no funciona?
Vuelta a empezar.”

El aturdimiento del animal está en el centro de la controversia. En el caso de la llamada “muerte ritual”, el sacrificio ‘halal’ (musulmán) o ‘kosher’ (judío) requiere que los animales estén conscientes antes de ser degollados y desangrados. Grupos de derechos de los animales sostienen que estos métodos rituales causan un sufrimiento adicional.

El método ritual del desangrado es cada vez más común en el tratamiento de la carne bovina en Francia. Las partes delanteras y las vísceras se envían certificadas a las carnicerías musulmanas, mientras que las partes traseras van al circuito comercial normal, sin una etiqueta que especifique al consumidor la forma en que ha muerto el animal.

“El ritual “kocher” o halal tiene el mismo método de base, aunque existen algunas diferencias entre ambos, asegura Jean-Luc Duperret. El animal introduce la cabeza en una escotilla en la que se le inmoviliza. Una vez que queda bloqueado, se le gira y es degollado, mediante el método de desangrado, es decir que se le corta el cuello. El animal permanece en la escotilla al menos 45 segundos, el lapso de tiempo en el que pierde consciencia, cayendo después en la mesa de matanza. En ese momento hay que esperar todavía un poco, antes de poder levantarlo y desangrarlo completamente.”

La legislación europea especifica que “cualquier persona involucrada en la muerte de animales debe adoptar las medidas necesarias para “evitar el dolor y reducir al mínimo la angustia y el sufrimiento del animal”:
http://www.liberation.fr/futurs/2016/05/16/controle-de-l-abattage-pourquoi-ca-coince_1453027 durante el sacrificio o la matanza.”

Dependiendo de su tamaño, la legislación exige que cada matadero tenga en sus instalaciones, al menos uno o varios veterinarios además de un encargado del bienestar animal, responsable de controlar tanto la calidad de la carne como el bienestar de los animales antes, durante y después del sacrificio.

Vincent Pfister es veterinario y Jefe del Servicio de Salud Animal en el departamento del Ródano:

“El matadero no es de ninguna manera un lugar de barbarie. Aquí hay profesionales a quienes les gusta su trabajo, ya sea en el matadero o en los servicios de control. Las imágenes que hemos visto realmente son chocantes, son intolerables y serán objeto de un procedimiento judicial. Pero no son representativas de cómo funciona un matadero.”

Aunque el director del matadero aceptó que grabáramos en sus instalaciones, nos pidió no filmar el proceso de desangrado, algo que se hace cientos de veces al día. Al conversar con los encargados de degollar a las reses, les preguntamo a Youcef que piensa de los vídeos publicados por la asociación L214:

“¡Es grotesco! Es cierto que ocurre y que puede sucederle a cualquiera. Alguien que esté muy exaltado en un establo puede tomarla con los animales, pero no es algo que ocurra a menudo, digamos que puede pasar una vez cada 10 años.”

Para la socióloga Catherine Rémy del Centro Nacional francés de Investigaciones Científicas, la violencia es inherente a los mataderos, pero el proceso industrial lo hace aún peor:

“En el proceso de industrialización de la matanza se olvida que se trata de seres vivos, es decir que se considera que el animal puede ser tratado como cualquier otro objeto en la cadena de producción. Hay personas que van a realizar el acto de degollar y desangrar al animal 100, 200 y hasta 300 veces al día. Es demasiado y eso, efectivamente, hace que se olvide la cuestión de la violencia.”

De vuelta a la granja biológica de Philippe Notin, él también sostiene que el problema radica en una cuestión de escala. Y considera que la matanza a nivel industrial no sólo afecta al bienestar de los animales, sino también al de los consumidores, pues el maltrato afecta a la calidad de la carne.

“Respecto a la calidad de la carne, un animal que no ha sufrido no desarrolla toxinas. Mientras que una bestia que ha sido maltratada, por ejemplo, un animal al que se le golpea con un palo, va a tener hematomas. Nosotros, que procesamos nuestras vacas charolesas… si tienen un hematoma, automáticamente esa carne se desecha, por lo que es una pérdida.”

Sin embargo, los alimentos orgánicos son más caros que los productos industriales. El consumidor, ¿estárá dispuesto a pagar más?

“El consumidor, ¿está dispuesto a afrontar cada semana ese tipo de escándalos? Cada seis meses, más o menos, hay un nuevo escándalo sanitario en la industria agroalimentaria, prosigue Notin. Industria, al fin y al cabo, para algo que comemos. Creo que nunca tendríamos que haber empleado el término industria tratándose de seres vivos. La industria, para mí, era un término reservado al hierro, al metal y a los coches.”

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