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Regreso a los Juegos Olímpicos: 1980-1988

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Regreso a los Juegos Olímpicos: 1980-1988

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MOSCÚ 1980 El boicot de EEUU reduce los juegos a la mínima expresión

Sólo participaron 80 países en Moscú, una cifra que no se veía desde 1956. Estados Unidos lideró el boicot contra la Unión Soviética en protesta contra la invasión de Afganistán. Muchos países, incluidos la mayoría de los europeos, participaron pero bajo la bandera olímpica en vez de con la enseña nacional. Pese al reducido número de participantes se batieron más récords que en los Juegos de Montreal (36) y se celebraron más pruebas (203) que nunca antes en la historia. La victoria más sorprendente tuvo lugar en el campo de hockey.

La competición femenina se celebraba por primera vez en unos juegos, como había pocos participantes y se invitó a Zimbabue, que eligió a un equipo una semana antes de las Olimpiadas. Las zimbabuenses, que nunca habían jugado juntas se alzaron con el oro frente a las grandes favoritas de la URSS. La rivalidad entre los británicos Steve Ovett y Sebastian Coe animaron las carreras de media distancia.

LOS ÁNGELES 1984 El poder del dólar

Tras el desastre financiero de Montreal 1976 sólo Los Ángeles se presentó como candidata en 1980. El instinto económico del presidente Ronald Reagan, bautizado ‘Reaganomics’, devolvió a los Juegos a la senda de los beneficios. Se utilizaron las instalaciones existentes en vez de construir nuevos estadios y se recurrió al patrocinio de grandes marcas comerciales terminando con unos beneficios de más de 200 millones de dólares. La Unión Soviética y los países del bloque boicotearon la cita de Los Ángeles en respuesta al boicot occidental de Moscú. Eso permitió a Estados Unidos a liderar en solitario el medallero.

La estrella que brilló con más fuerza fue Carl Lewis, que repitió los logros de Jesse Owens en 1936 con el oro en 100 metros, 200 metros, el relevo de 4 × 100 metros y el salto de longitud.

Otro momento memorable aunque polémico fue la final de los 3.000 metros femeninos. Tras una intensa campaña de un periódico británico el Reino Unido aceleró la concesión de la ciudadanía a la sudafricana Zola Budd, que ostentaba el récord del mundo. Budd, que corría descalza tenía en su habitación un poster de la corredora estadounidense y estaba feliz de competir contra su héroe. El sueño se volvió una pesadilla cuando Decker tropezó con Budd y tuvo que abandonar. El público, creyendo que Budd lo había hecho a propósito abucheó a la joven que corría en primer lugar. Quizás fue la atmósfera en el estadio la que pesó en sus piernas. Al final Budd terminó en séptima plaza.

SEÚL 1988 El lobo del dopaje enseña las los dientes

Corea del Sur quería aprovechar los Juegos Olímpicos para reforzar sus relaciones internacionales y para dar un impulso a su transición democrática. Un primer éxito fue la participación tanto de EEUU como de la URSS y sus países afines. En total compitieron 159 países, un primer récord para Seúl.

Pero allí tuvo lugar uno de los ejemplos de dopaje más famosos y vergonzantes para el mundo del deporte. El canadiense Ben Johnson sorprendió al mundo con su carrera de 100 metros lisos, en la que rebajó su propio récord del mundo a 9,79 segundos. La admiración se transformó en decepción tres días más tarde cuando dio positivo y todo el mundo comprendió el porqué de su enorme ventaja. La medalla recayó en Carl Lewis.

Dos levantadores de pesas búlgaros también dieron positivo en los controles.

Seúl ’88 tuvo momentos peculiares en el ring de boxeo, como cuando las autoridades coreanas agredieron físicamente al árbitro de un combate de boxeo porque había amonestado a uno de sus deportistas.

En la final de peso medio el estadounidense Roy Jones recibió la medalla de plata pese a haber dominado el combate frente al surcoreano Park Si-Hun. La cara de vergüenza del propio Park cuando el árbitro le levanta el brazo muestra la sorpresa y la vergüenza ajena que generó el combate. Los jueces de la pelea fueron suspendidos.

Los Juegos también quedaron marcados por el incidente del nadador estadounidense Greg Louganis que ganó tres oros, aunque se golpeó con el trampolín. Después se supo de Louganis tenía SIDA y no se lo había comunicado a nadie, ni siquiera al enfermero que le atendió.

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