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Los momentos más difíciles en la historia de los Juegos Olímpicos

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Los momentos más difíciles en la historia de los Juegos Olímpicos

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Los Juegos Olímpicos han sido una fuente constante de inspiración, aunque a veces también han dado sorpresas desagradables y decepciones. Euronews echa la vista atrás para recordar algunos de los momentos más difíciles de la historia de los Juegos.

La masacre de Munich – 1972


Fueron descritos como los Juegos de la Paz y la Alegría, pero termiron siendo los más oscuros de la historia olímpica moderna.

A primera horas de la mañana del 5 de septiembre de 1972, varios miembros del grupo terrorista palestino Septiembre Negro entraron en la Villa Olímpica y se dirigieron a los apartamentos ocupados por los atletas israelíes. Los terroristas se llevaron a 12 rehenes. Dos intentaron escapar, pero solo uno de ellos lo consiguió. El otro fue asesinado. Un tercer deportista fue castrado y disparado… Murió desangrado.

Los terroristas exigían la liberación de 234 palestinos presos en cárceles israelíes junto a la liberación de los terroristas alemanes Andreas Baader y Ulrike Meinhof. La policía intentó poner fin a la toma de rehenes, pero la cobertura que estaba haciendo la televisión alertó a los terroristas.

La siguiente demanda de Septiembre Negro fue un helicóptero y un avión llevarse los rehenes a Egipto. La policía se los entregó, pero les tendió una emboscada. Al darse cuenta, los terroristas mataron en el helicóptero a los atletas que seguían con vida.

Un policía alemán falleció junto a cinco de los ocho secuestradores. En total, once atletas israelíes fueron asesinados.





Atentado en el Centennial Olympic Park – Atlanta 1996


Una semana después del inicio de los Juegos explotó una bomba en el Parque Olímpico matando a una persona e hiriendo más de un centenar. Otra persona falleció de un ataque al corazón mientras trataba de huir del lugar de la explosión.

Tras el atentado, la policía estaba completamente perdida sobre su autoría y sus posibles motivos. Dos ataques posteriores, contra una clínica abortista y una discoteca gay, condejeron a las fuerzas del orden hasta Eric Rudolph, un “cristiano fanático” que quería que el Gobierno suspendiera los Juegos por permitir lo que el llamaba “aborto a la carta”. Fue condenado a 4 cadenas perpetuas consecutivas más 120 años de cárcel.



Ben Johnson – Seúl 1988




Canadá explotó de alegría cuando su mejor velocista cruzó la línea de meta en la final de los 100 metros en 9,79 segundo, una marca que pulverizaba su propio récord. Ben Johnson diría más tarde que habría sido aún más rápido si no hubiera levantado la mano haciendo el signo de la victoria en los últimos metros.

Pero país de adopción del velocista, junto con el resto del mundo, quedó completamente consternado cuando, tres días más tarde, se anunció que Johnson había dado positivo por estanozolol.

El velocista fue descalificado inmediatamente, despojado de su medalla de oro y su récord mundial fue borrado de los libros.

El máximo galardón fue a parar al gigante estadounidense Carl Lewis, que cedió su plata a Linford Christie.

El caso Johnson despertó la conciencia del mundo del deporte sobre la necesidad de combatir a los tramposos.

Después de cumplir su pena de suspensión, Johnson intentó regresar a las pistas. En 1993 ganó una competición en Grenoble, quedándose a escasas centésimas del récord mundial, sin embargo, poco después dio positivo por testosterona y fue suspendido de por vida por la IAAF.





El partido del baño sangriento – Melbourne 1956


Con los tanques soviéticos aún humeantes tras aplastar la Revolución húngara, las selecciones nacionales de Hungría y la Unión Soviética disputaron uno de los partidos de waterpolo más famosos de la historia.

Los seleccionados húngaros había pasado las últimas semanas en la República Checa y desconocían lo que había pasado en su país. Cuando llegaron a Australia se enteraron de que la revuelta popular había sido aplastada y en ella habían muerto más de 3.000 personas.

La noticia hirió el orgullo de los atletas húngaros, a la sazón, los mejores del mundo, que vieron en la semifinal contra la URSS algo más que un partido.

Dirigidos por su estrella, Ervin Zádor, los húngaros ganaron el encuentro por cuatro goles a cero. El partido fue bronco, lleno de codazos, patadas y empujones.

En un momento dado, Zádor recibió un puñetazo en la ceja y se le abrió una herida. Sangraba abundamente, por lo que obligado a salir de la piscina.
La imagen inflamó a la diáspora húngara, que había acudido en masa a presenciar el encuentro. El árbitro decidió suspenderlo a falta del último minuto para evitar que la situación estallara.

En la final, Hungría ganó el oro frente a Yugoslavia.



El saludo del Poder Negro – México 1968




Tommie Smith y John Carlos serán recordados por el gesto reivindicativo que hicieron durante la ceremonia de entrega de medallas de los 200 metros. Ambos se enfundaron un guante negro y agachando la cabeza alzaron sus puños al cielo, la célebre señal de protesta por los derechos civiles de la población negra en EEUU. Junto a ellos estaba el atleta australiano Peter Norman, quien manifestó su simpatía con la causa de sus compañeros.

El gesto de Smith y Carlos copó las portadas de los medios de comunicación de todo mundo. Al bajarse del podio fueron abucheados por la multitud. Al salir del Estadio se les ordenó hacer las maletas y marcharse de la villa olímpica.

Al volver a EEUU, Smith fue despedido de su trabajo, sus hermanos fueron expulsados del equipo de fútbol y a uno le retiraron la beca.

Carlos también sufrió represalias. Las penalidades que sufrió desembocaron en el abandono y posterior suicidio de su esposa.

Años más tarde, ambos lograron rehacer sus vidas.

Sin embargo, el australiano Peter Norman, que subió al podio con la insignia del Proyecto Olímpico para los Derechos Humanos como muestra de apoyo, nunca se repuso…

A pesar de calificarse fácilmente para los Juegos de Munich en los 100 metros y 200 metros, que no fue seleccionado por Australia. Desilusionado, dejó el atletismo. En 1985 contrajo gangrena tras romperse el tendón de Aquiles y casi perdió su pierna. Poco a poco, entró en una espiral destructiva. Adicto al alcohol y a los analgésicos, entró en depresión y murió tras sufrir un ataque al corazón en 2006. Carlos y Smith portaron su féretro en su funeral.

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