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Un ternero llamado Terremoto

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Un ternero llamado Terremoto

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La granja de Sandra Piccioni está en el epicentro del desastre. Illica ha sido una de las zonas más dañadas de Accumoli. En la aldea había unas 200 personas en el momento del terremoto. Murieron cinco vecinos, decenas resultaron heridos. Por fortuna, la mayoría de los jóvenes estaban en la calle, celebrando el final del verano. Seguimos los pasos de Sandra, mientras nos cuenta su vida después del seísmo.

“Este es el coche en el que dormimos desde anoche. Lo hemos acondicionado un poco para tratar de pasar la noche lo mejor posible”, dice mientras muestra los asientos cubiertos con mantas.

“Nosotros de esta granja no nos podemos alejar porque tenemos vacas lecheras, cerdos y terneros que necesitan cuidados. Vivimos aquí y tenemos que quedarnos aquí. La casa ha sido la parte más afectada, la que más ha sufrido el efecto desastroso del primer seísmo. La estructura ha aguantado y no se ha derrumbado. Esta es la ventana de la habitación en la que yo dormía. En el último temblor, hubo como una explosión y el marco de la ventana cayó al suelo. Estábamos seis personas dentro. Salimos corriendo y gritando. Mi marido buscaba al hijo, lo llamaba, pero por suerte todos los chicos del pueblo estaban aún en la calle, reunidos en la plaza que llamamos la Escuela, donde se reúnen los jóvenes. Estaban todos allí, para celebrar el final del verano. Mi hijo y otros diez jóvenes se fueron a Roma y han cogido un avión para pasar una semana de vacaciones en Lisboa”. Es al recordar a su hijo cuando los ojos se le llenan de lágrimas, no por tristeza, sino por la emoción de saber que sigue con vida.

Acompañamos a Sandra al interior de la vivienda, no sin cierto miedo porque las grietas en los muros son visibles. Nos asomamos a una ventana. Enfrente hay un montón de escombros, lo que queda de una casa. “A esa casa la llamábamos Casa Verde. Estaba llena de gente, porque cuatro hermanos vivían allí. Todos estaban gritando. Hubo dos muertos”, explica. Subimos al piso de arriba y entonces es cuando vemos la importancia de los destrozos. “¡Mira este armario! ¡Se ha desplazado! En realidad fue la pared la que se movió hacia atrás. Era como si una bomba hubiera explotado. Oímos caer escombros y como una explosión al final. Es peligroso estar aquí”.

Seguimos a Sandra hacia la granja. “Aquí está mi marido ordeñando las vacas. Es un trabajo que no puedes dejar. Tiene que hacerse por la mañana y por la noche a pesar de las desgracias que puedan ocurrir”. Y, de repente, a la mujer le cambia el rostro y hasta el tono de voz. “Te voy a enseñar algo bellísimo”, dice. “Ayer por la noche nació un ternero. Le hemos llamado Terremoto para acordarnos de que, a pesar de la muerte y de la destrucción, la vida sigue adelante inexorablemente. En todo lo feo siempre hay algo hermoso. Tal vez sea una banalidad, pero hay que aceptar las cosas como vienen”.

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