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No hace falta afinar ni preocuparse de las cuerdas, mástil ni nada parecido; no hace falta ni siquiera saber tocar la guitarra, lo que es imprescindible es imaginárselo.

Y con ese equipaje, saltos, piruetas, algo de maquillaje e indumentaria llamativa y un playback para la ocasión todo queda en manos de los jueces. ¿Guitarra de aire, guitarra imaginaria, esencia de guitarra? Da igual, en este concurso donde esté el farsante, que se quite el músico.

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