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Libia: la toma de los puertos petroleros por una milicia del este aleja la reconciliación nacional

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Libia: la toma de los puertos petroleros por una milicia del este aleja la reconciliación nacional

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La situación se complica en Libia, donde las regiones del Este y del Oeste están más separadas que nunca tras la toma por parte de una milicia del este de los puertos petroleros de Ras Lanuf y Es Sider, hasta ahora en manos del llamado Gobierno de Unidad.

Por estos puertos transita la mitad del petróleo libio destinado a las exportaciones. A finales de julio se acordó reanudar la producción, pero la toma de las instalaciones deja el pacto y la esperada recuperación económica en el aire. Detrás del ataque están las fuerzas del general Jalifa Hafter, exalto mando libio en el régimen de Gadaffi y antiguo aliado de Occidente. Al mando del llamado Gobierno de Tobruk, Hafter no reconoce la autoridad del consejo presidencial. En sus manos está el este del país.
Al oeste, el Gobierno de Unidad Nacional de Fayez Al Serraj, reconocido por la ONU y por varias capitales occidentales. En el suroeste los tuaregs. Pero más allá de la partición política hay diferentes facciones: en la zona controlada por Hafter, el ejercito nacional libio y la tribu tubou. En el oeste la milicia Farj Lybia, el brazo armado del Gobierno de Trípoli, y los tuaregs. En el norte, Dáesh.

El número uno del consejo presidencial y primer ministro, Fayez Al Serraj, tiene ahora abiertos dos frentes: el primero, frenar el avance de los yihadistas de Dáesh, como aquí, en Sirte, y el segundo recuperar el control de los recursos petroleros que de seguir en manos de las milicias de Hafter, comprometería gravemente la supervivencia del Gobierno. Sarraj asumió sus funciones en marzo de este año, pero su ejecutivo, apoyado por la comunidad internacional, no ha llegado a obtener la confianza del Parlamento. En diciembre de 2015, cuando se alcanzó un acuerdo bajo la égida de la ONU entre las autoridades de Tobruk y Trípoli, renació la esperanza de poner fin a la guerra civil. Pero el optimismo duró poco. El acuerdo debe ser aprobado por los dos Parlamentos rivales y Tobruk se niega a firmar.

Con la toma de la zona petrolera, Hafter aprovecha la cruenta ofensiva contra los yihadistas en Sirte para asestar un estratégico golpe a sus enemigos. Las esperanzas de reconciliación están por tanto más lejos que nunca.

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