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El 'síndrome Lehman', ocho años después

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El 'síndrome Lehman', ocho años después

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Se cumplen ocho años de la caída del banco Lehman Brothers en Estados Unidos y la Gran Recesión parece que aun no se ha acabado de ir en algunas partes de Europa. Aunque se ha recuperado el crecimiento, este es muy lento o lastrado por inmensas capas de la población con problemas económicos. Una crisis engendrada en las ‘hipotecas basura’ estadounidenses sigue golpeando a la ciudadanía, pese a que su origen fuera puramente financiero.

El 15 de septiembre de 2015, la dirección de Lehman Brothers se veía obligada a declararse en bancarrota después de que las negociaciones para venderse no fructuficaran y que la Reserva Federal en este caso no saliera en su ayuda con dinero público. El resultado es lo que se conoce como entidad sistémica, cuyo desplome arrastra al resto del sector financiero y algo más. Siempre quedará en el aire porqué la Fed había salvado antes el banco Bear Stears o las entidades hipotecarias estatales Fannie Mae y Freddie Mac y no lo hizo con Lehman. En todo caso, luego sí que rescató a la aseguradora AIG.

Los responsables de Lehman, que según un estudio de la universidad de Harvard entre los años 2000 y 2007 se embolsaron 164 millones solo en bonus en efectivo, dejaron detrás suyo un pasivo de 613.000 millones de dólares (430.000 millones de euros). Es decir, la mayor quiebra de la historia. Pero, sobre todo, fueron el detonador de un sistema completamente especulativo que consistía en vender hipotecas a personas en Estados Unidos que ya se sabía que no eran solventes y, más tarde, empaquetarlas en las desgraciadamente famosas ‘subprimes’ para reenviarlas al resto de bancos mundiales. Cuando los precios inmobiliarios empezaron a bajar y el sistema se bloqueaba, las entidades ya no podían distribuir beneficios entre sus accionistas y todo el sistema bancario se puso a desconfiar mutuamente. Hasta que la economía real pagó el precio porque dejó de circular el dinero.

Primero, se hundieron las bolsas. Y, después, el crecimiento entre los países. Hasta disparar el desempleo a niveles que, aunque ahora bajen, han contribuido a hacer del trabajo algo más precario. Y la comparación entre Estados Unidos y Europa también es negativa para los segundos. El índice S&P 500 de los principales valores de Wall Street llegó a caer a los seiscientos puntos. En 2012, ya había recuperado su nivel. Y, a 15 de septiembre de 2016, está en 2.140. En 2007, había tocado un máximo de 1.565.

En cambio, el Ibex-35 de Madrid se halla en 8.700 puntos. En retroceso respecto a principios de año. En 2012, en plena crisis de la deuda soberana europea, bajó de los seis mil puntos. Pero en noviembre de 2007, obnuvilado por la fiebre española del ladrillo, había alcanzado los 16.000. Lo podríamos bautizar como el ‘síndrome Lehman’.

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