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Daniele Gatti toma la batuta de la Concertgebouw, de Amsterdam


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Daniele Gatti toma la batuta de la Concertgebouw, de Amsterdam

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Bajo el signo de la tradición. El maestro italiano Daniele Gatti ha escogido la segunda sinfonía de Mahler para marcar su estreno y el inicio de la temporada, al frente de la Royal la Concertgebouw de Amsterdam, una de las orquestas más presitigiosas del mundo. Un conjunto de ciento veinte músicos, procedentes de una veintena de países, que el masestro considera, patrimonio de todos. Según Gatti, “la Concertgebouw está en el corazón mismo de la vida cultural y musical de la ciudad. Ademas, yo siempre digo que la orquesta pertenece al mundo; porque una orquesta así no es sólo de Amsterdam, nos pertenece a todos, forma parte también de mi país, de Europa, del mundo entero.”

La versatilidad del maestro Gatti, el hecho de sentirse a gusto tanto con los compositores de la escuela de Viena del finales del XIX como con los del repertorio francés del final del Romanticismo, le convierten en la mejor opción para esta eminente orquesta. Él es desde este año, su séptimo director. Jan Raes, el director general de la orquesta, confiesa que se espera mucho de él “porque sabemos que Daniele Gatti tiene mucho talento, es muy apasionado, tiene un repertorio muy amplio. Es una persona auténtica, curiosa, le gusta llegar al público y también invita a la gente y a los jóvenes a los ensayos”.

Los Amigos de la Orquesta Concertgebouw han dado la bienvenida al maestro y a sus iniciativas, regalándole una bicicleta. Gatti sorprendido explica que le “han regalado esta bicicleta que es un símbolo de la ciudad. Me ha emocionado muchísimo porque no hace ni un mes que estoy aquí y esta bienvenida ha sido tan cálida. No me esperaba esta sorpresa”.

Uno de los principales objetivos del nuevo director es, evidentemente, llegar al público. “Me gustaría tanto que las personas que vienen al auditorio lo hicieran para sentirse arropadas, para decirse: bueno, durante las dos próximas horas voy a disfrutar de la música, desconecto el móvil y voy a intentar entrar en una nueva dimensión. Porque creo que finalmente escuchar música clásica es estar con uno mismo, poner en marcha la imaginación y dejar de lado el ritmo frenético de mi vida, tener la posibilidad de confrontar aspectos de mi mismo, que incluso me asustan,” asegura.

La segunda de Mahler progresa durante sus cinco movimientos, hasta alcanzar en el cuarto y el quinto una dimension metafísica. El nuevo director de la Concertgebouw de Amsterdam, comenta que al llegar al último movimiento se da cuenta de que “hay preguntas para las que la repuesta es cada vez más difícil, cuanto más envejecemos. Pero no puedo negar que esta obra me ayuda – dice – a no tener miedo del mañana, con “eme” mayúscula. Espero que los que no tienen fé, puedan emocionarse con la obra y puedan plantearse a sí mismos ciertas preguntas”.

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