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Rusia y Turquía, relaciones tempestuosas


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Rusia y Turquía, relaciones tempestuosas

El derribo de un caza ruso por parte de la aviación turca en la zona fronteriza con Siria, en noviembre del año pasado, marcó el inicio de un rápido deterioro de las relaciones entre Moscú y Ankara.

El presidente ruso, Vladímir Putin fue muy explícito al responsabilizar a Turquía: “Es una puñalada por la espalda de quienes son cómplices del terrorismo. No puedo utilizar ningún otro calificativo para definir estos hechos”, dijo.

Tras la tempestad llegó la calma cuando en junio el presidente turco Erdogan pidió perdón a su homólogo ruso, para facilitar el levantamiento de las duras sanciones económicas impuestas por el Kremlin.

Sanciones que habían tenido consecuencias nefastas, especialmente en el sector turístico. No en vano la llegada de turistas rusos había caído un 93% en un año.

Erdogan también encontró en Moscú el apoyo que necesitaba tras el fallido golpe de Estado del mes de julio.

Mientras la práctica totalidad de las potencias occidentales criticaban con dureza la purga iniciada por el presidente turco para defenestrar a los presuntos artífices de la intentona golpista, Putin fue el primer jefe de Estado que recibió a Erdogan.

El encuentro tuvo lugar en San Petersburgo y sirvió, en opinión de algunos analistas, para firmar el deshielo en las relaciones entre ambos dirigentes.

“Putin fue uno de los primeros líderes en llamar a Erdogan y manifestar su apoyo incondicional al Gobierno turco, al gobierno democráticamente elegido”, explica el analista de la Universidad de Mármara, Emre Erçen.

Rusia y Turquía acuerdan reinstaurar un acuerdo bilateral de cooperación económica que alcanza los 100.000 millones de dólares al año (unos 90.000 millones de euros).

Una de las primeras consecuencias prácticas es que los rusos reanudan las obras de construcción de la central nuclear de Akkuyu. Un proyecto que cuenta con un presupuesto de
18.000 millones de euros con un objetivo claro, que Turquía sea cada vez menos dependiente de las importaciones de hidrocarburos.

A la vez reiteran su compromiso estratégico con el gasoducto TurkStream a través del Mar Negro. Una alternativa al proyecto South Stream enterrado por Moscú con la crisis ucraniana como telón de fondo.

Las relaciones económicas parecen restablecidas pero los intereses políticos en la región, respecto a la guerra en Siria, son distintos.

Moscú es el gran aliado del régimen de Bachar al Asad, Ankara está fírmemente comprometida con la coalición internacional que lidera Estados Unidos.

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