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“Mientras que la voz indígena local esté siendo silenciada, la voz indígena global será escuchada”.

Con estas palabras, acompañadas de un enérgico “haka” o baile de guerra maorí, una escuela indígena de Whakatāne, en Nueva Zelanda, ha mostrado su solidaridad con el pueblo Sioux norteamericano. Los sioux están en pie de guerra contra la construcción de un controvertido oleoducto que atravesará sus tierras sagradas en Dakota del Norte hasta llegar al Golfo de México.