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La impronta del líder de la Revolución cubana


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La impronta del líder de la Revolución cubana

Héroe para sus admiradores, dictador para sus detractores, Fidel Castro marcó la agenda de la actualidad internacional durante décadas.

Al frente de una guerrilla de jóvenes barbudos, el abogado cubano sorprendió al mundo al derrocar a la dictadura del general Fulgencio Batista.

El 1 de enero de 1959 comenzó una radical transformación de Cuba. De patio de recreo de los turistas estadounidenses, la isla pasó a ser una potencia del Tercer Mundo. Con su amigo, el argentino Ernesto Che Guevara, Castro fundó el primer Estado comunista del hemisferio occidental.

1961, Bahía Cochinos. Fidel se enfrenta a Estados Unidos y, contra todo pronóstico, liquida el desembarco de un millar de exiliados cubanos en la isla, que la CIA había entrenado y pagado. Castro se convierte en un mito.

El régimen castrista no esconde sus principios. Abiertamente comunista y antiestadounidense, se acerca cada vez más a la Unión Soviética de Nikita Kruschév.

Es la época de la Guerra Fría y ambos países acuerdan la instalación de misiles de medio alcance en la isla. Pero antes, Estados Unidos muestra al mundo las fotografías y reta a los soviéticos.

El presidente norteamericano John Fitzgerald Kennedy impone un bloqueo marítimo para evitar cualquier entrega de armas en la isla. El planeta, con el corazón encogido, asiste al pulso de la amenaza nuclear entre las dos superpotencias…

Pero la sangre no llega al río. Cuba queda firmemente anclada al bloque soviético y se bate en múltiples frentes. Etiopía, Namibia y Angola, son algunos capítulos del internacionalismo castrista.

Así llega la década de los ochenta. Tras años de dificultades, Cuba vive una relativa prosperidad, gracias al trato comercial preferencial con los países de la esfera soviética.

Cuando Gorbachóv llega al poder en la Unión Soviética, la llama del comunismo comienza a apagarse, y los privilegios entre Moscú y La Habana sucumben al avance de la economía de mercado. Fidel resiste en solitario a la muerte del sistema y queda aislado.

El siglo XX toca a su fin. La isla naufraga en una crisis económica profunda, el régimen no tiene soluciones válidas y el futuro no ofrece respuestas.

En el verano de 1994, 30.000 cubanos se lanzan al mar para intentar alcanzar el sueño americano, en Florida, son los balseros.


1998, enero. Visita histórica del Papa Juan Pablo II a Cuba. El pontífice condena el embargo impuesto 35 años antes por Estados Unidos, pero pide a Fidel libertad para los presos políticos y para el pueblo. Castro tiene la oportunidad de demostrar un cierto grado de tolerancia con el catolicismo.


2001, junio. Fidel, reputadísimo orador, famoso por sus discursos cargados de emoción y de intención, sufre un desvanecimiento ante las cámaras de televisión. Interrumpe un discurso por primera vez en 42 años. Un síntoma de la debilidad de su salud.

Para asegurar la continuidad del régimen nombra sucesor a su hermano Raúl y encuentra nuevos aliados en una América Latina que mira hacia la izquierda. Aliados como el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, que tiene petróleo barato, un balón de oxígeno para que el legado de Fidel sobreviva.


Desde entonces, las apariciones públicas de Fidel Castro se contaron con los dedos de una mano. En una ocasión se le vio al lado de Hugo Chávez, que se autodenominaba su discípulo.

El cambio generacional estaba en marcha, pero el veterano líder, el carismático comandante mantuvo hasta el final su alma de revolucionario:

“Jamás pensé que mi existencia se prolongara tanto, y que el enemigo fuera suficientemente torpe en su odioso oficio de eliminar adversarios decididos a luchar. En esa desigual lucha, nuestro pueblo demostró su asombrosa capacidad de resistir y de vencer”, proclamó ante la Asamblea Nacional cubana el 24 de febrero de 2013.

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