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Mientras Washington se prepara para que otro 20 de enero más jure su cargo el presidente electo de Estados Unidos, los grandes electores se disponen a votar. Un voto que, si todo sale como está previsto, le dará a Trump las llaves de la Casa Blanca.

El Colegio Electoral estadounidense es un cuerpo complejo y con gran tradición. Su historia empieza en 1787 y es el encargado de elegir al presidente y vicepresidente del país norteamericano. El día de las elecciones, los ciudadanos votan a unos compromisarios de su estado que se comprometen a dar su voto al candidato ganador.

El Colegio Electoral cuenta con 538 grandes electores. En rojo se ven los estados ganados por Trump y en azul los que se fueron al bando de Clinton. En total la candidata demócrata consiguió 232 compromisarios, mientras que el republicano se hizo con 306. A pesar de que Hillary consiguió unos dos millones y medio más de votos que Trump, este último ganó en los estados clave y cosechó muchos más delegados.

En su mitin del jueves en Pensilvania, Trump volvió a insistir en que su victoria había sido aplastante.

“Gracias, muchas gracias. Sois gente increíble y en cuatro años vamos a ganar con una diferencia aún mayor”.

Bajo el lema “Hacer lo correcto”, un grupo de celebridades encabezados por el actor Martin Sheen ha hecho una campaña de comunicación para pedirle a los electores de los estados en los que ganó Trump que no le den su voto. Este colectivo pide que 37 compromisarios elijan a otro candidato y así el magnate no obtenga los 270 votos necesarios para ser elegido. Algo bastante improbable ya que en los últimos 100 años no ha habido más de un compromisario díscolo.

La distancia entre grandes electores y voto popular ha dividido aún más a la cada vez más polarizada sociedad estadounidense. La victoria de Trump ha desencadenado una ola de protestas sin precedentes en las principales ciudades del país.

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