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Una empresa belga de marketing ha implantado a 8 de sus empleados un chip subcutáneo que permite abrir puertas o acceder al ordenador, entre otras cosas. Los asalariados han recibido de manera voluntaria el microprocesador, que tiene el tamaño de un grano de arroz. La compañía asegura que, desde el punto de vista de la privacidad, cualquier teléfono inteligente resulta más indiscreto.