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Los ecuatorianos votan este domingo para elegir nuevo presidente. Los dos principales candidatos en liza tienen programas opuestos.

A la derecha, Guillermo Lasso, un banquero que promete empleo, y a la izquierda Lenin Moreno, delfín del actual presidente Rafael Correa que defiende una política continuista combinando gastos sociales con impuestos y deuda elevados. Según los sondeos el exvicepresidente aparece como favorito en esta primera vuelta.

Para Lenin Moreno, “la misión continúa. La misión son los discapacitados, sí; pero también los ancianos; las mujeres abandonadas; las empleadas de casa; la misión son los niños; son los jóvenes; es la libertad de los jóvenes; las mujeres maltratadas”

Por su parte, el candidato de la derecha, Guillermo Lasso, exministro de economía quiere un recorte del gasto público de 4.700 millones de euros, para favorecer las inversiones extranjeras, disminuir los impuestos y estimular el consumo. Lasso promete “eliminar y derogar catorce impuestos en Ecuador, porque los ecuatorianos están hasta la coronilla de tanto impuesto de tanto abuso y, sobre todo, del impuesto más maligno de todos: la corrupción correísta”

En los diez años de presidencia de Correa, el país se ha transformado, sobre todo a nivel de infraestructuras. Un balance, con pros y contras.
Entre los indicadores socioeconómicos que su gestión ha favorecido están: el nivel de pobreza que se ha reducido en más de diez puntos en una década; y el Producto Interior Bruto que ha pasado de 48.000 millones a 94.000 millones.

Sin embargo, el índice de paro es del 5’2 % y está en aumento. Y aunque el PIB practicamente se ha multiplicado por dos en diez años, el año pasado se redujo un 1’7 %.

El gasto supera con creces los ingresos, engrosando el déficit y la deuda pública.

En su defensa, Rafael Correa ha calificado de “tormenta perfecta” la combinación de varios factores externos que han degradado la economía de su país, que dejo el sucre por el dolar en el 2000. Ejemplo: el devastador terremoto del pasado abril causó daños por valor de 2.800 millones de euros. Para hacer frente, el país se endeudó cerca de un 40 % del PIB

Además, a la brusca caída de los precios del crudo el año pasado, se sumaron la devaluación de las monedas de dos países vecinos: Colombia y Perú, cuyos productos son por consiguiente más competitivos.