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Tecnología para limpiar el aire de la ciudades


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Tecnología para limpiar el aire de la ciudades

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Varias empresas están desarrollando en Londres tecnologías para mantener a los ciudadanos informados y protegidos de la contaminación del aire.

No muy lejos del centro de la ciudad, Airlabs desarrolla el “Banco de Aire Limpio”. A simple vista no parece gran cosa, pero es una pieza de mobiliario urbano inteligente, que crea a su alrededor una burbuja de aire puro.

El banco aspira el aire por su parte posterior, donde un sistema de filtración lo limpia de partículas y absorbe los gases contaminantes, como el dióxido de nitrógeno.

El aire limpio vuelve al exterior por unas parrillas situadas bajo los reposabrazos. El banco está equipado con un total de cinco unidades de limpieza de aire.

Por el momento, es un prototipo. La idea es que la misma tecnología se incluya no sólo en bancos, sino también en farolas, marquesinas de autobús y otros elementos presentes en las calles de una ciudad.

Una prueba llevada a cabo por el King’s College de Londres en julio de 2016 reveló que uno de estos bancos podía eliminar hasta el 87% de los gases que filtraba.

La tecnología de Airlabs también puede aplicarse al ámbito industrial, para luchar contra la contaminación de las fábricas.

Sophie Power es la directora general de la compañía:
“Estudios recientes”, explica, “muestran que incluso si redujéramos el consumo de diésel en Londres del 50% al 10% todavía quedarían zonas con una exposición al dióxido de nitrógeno superior a la que recomienda la Organización Mundial de la Salud. Llevamos mucho tiempo perfeccionando esta tecnología y creo que sería una muy buena herramienta en escuelas, hospitales, la red de transporte público y otros lugares donde la gente absorbe sin saberlo innumerables agentes contaminantes a diario”.

Amanece en Londres. Mientras el tráfico se ralentiza y el atasco crece en torno a la capital británica, Romain lacombe comienza a trabajar. El fundador de la startup parisina Plume Labs utiliza Flow, un rastreador de calidad del aire, que le permite monitorizar la contaminación de exteriores e interiores.

Este pequeño dispositivo metálico lo registra todo, desde partículas y gases, hasta productos químicos que se utilizan en el hogar. Esa información por si sola ya es útil, pero una aplicación de teléfono complementaria va un paso más allá, sincronizándose con otros usuarios para proporcionar un mapa actualizado de la contaminación atmosférica. En rojo aparecen las áreas más expuestas y en amarillo y blanco, las menos contaminadas.

Plume Labs también ha creado la aplicación Air Quality Report, que ofrece previsiones sobre la calidad del aire a lo largo de todo el día. La idea es que los usuarios puedan planificar sus actividades, como salir a correr al parque, evitando los picos de contaminación.

Lacombe cree que toda esta información no sólo es de gran ayuda para los ciudadanos, sino también para las autoridades encargadas de aplicar las políticas medioambientales.

“Pensemos en Wikipedia, por ejemplo, una vasta enciclopedia nutrida por sus usuarios”, dice Lacombe. “Pues bien, nosotros intentamos hacer lo mismo, pero con el aire que respiramos. Recogiendo los datos de nuestros usuarios obtenemos el nivel de polución de la ciudad. Y así, podemos crear un mapa con las áreas más y menos contaminadas, que se actualiza en tiempo real y que puede ayudar al ciudadano a escapar de los puntos más contaminados y proteger su salud. Y además también puede ser una herramienta interesante para los que hacen y aplican las leyes, para los alcaldes y sus equipos”.

Según la Organización Mundial de la Salud, 12,6 millones de personas murieron en 2012 por causas relacionadas con la contaminación, con vivir y trabajar en un entorno no saludable, lo que representa casi un cuarto del total de muertes en el mundo.

El pasado mes, el alcalde de Londres, Sadiq Khan emitió por primera vez una alerta por contaminación severa en el aire. La escasez de viento provocó que las emisiones del sudeste de Inglaterra se concentraran en torno a la capital.

Los investigadores del King’s College catalogaron el aire con la etiqueta negra, el máximo nivel de contaminación, desaconsejando a la población hacer ejecicio o esfuerzos fuera de sus casas. El pico detectado se debía a una combinación entre la contaminación del tráfico y la combustión de madera.

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