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El partido perdió en las elecciones parciales de este jueves uno de sus bastiones históricos, Copeland, acentuando su crisis interna. Muchos de sus miembros achacan la derrota al líder del partido, Jeremy Corbyn, quien asegura, no piensa dimitir:

“El laborismo está decidido a que el Reino Unido no se cierre en sí mismo y en lugar de ello, juegue un papel proactivo y positivo en el futuro de Europa, desde fuera de la Unión Europea, pero trabajando con nuestros amigos y colegas de todo el continente. Podemos asumir el desafío democrático que se nos ha presentado, para representar a todo el país y unir a la gente proponiendo una visión progresista de un Reino Unido post brexit”, dijo.

Su partido conservó, sin embargo, el escaño de Stoke-on-Trent, una circunscripción que apoyó mayoritariamente el brexit, pero que dio la mayoría de sus votos al laborista Gareth Snell.

El discurso optimista de Corbyn choca con el pronunciado hace una semana por el ex primer ministro británico y exlíder laborista, Tony Blair, quien hizo un llamamiento para intentar frenar el brexit.

Ajena a los problemas de los laboristas la premier británica, Theresa May, acudió a Copeland para celebrar con su candidata, Trudy Harrison, está histórica victoria, la primera de los conservadores en este municipio en más de 80 años.