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Este de Ucrania: reconstruirse en tiempos de guerra

Donetsk, Gorlovka, Lugansk…cada día, decenas de autobuses de la autoproclamada república rebelde del Este de Ucrania llegan a esta terminal a las afueras de…

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Este de Ucrania: reconstruirse en tiempos de guerra

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Donetsk, Gorlovka, Lugansk…cada día, decenas de autobuses de la autoproclamada república rebelde del Este de Ucrania llegan a esta terminal a las afueras de Moscú. Los primeros llegan temprano con noticias frescas sobre la zona de conflicto. Sergei, 47 años, llegó a Moscú procedente de Rovenky. Aquí, trabajará en un taller de coches. No acaba de creer que va a dormir sin el sonido de los tiroteos: «La mayor parte de Lugansk y Donetsk está bajo los bombardeos. Principalmente las afueras. Está a cien kilómetros, pero escuchamos los sonidos de los disparos día y noche. Vemos cómo incendian barrios tranquilos y no tenemos ni idea de qué pasará con nosotros. Vivimos en un barril de pólvora “

Como otras muchas víctimas del conflicto, Serguei se pregunta cómo rehacer su vida. Hace una semana Moscú reconoció todos los documentos emitidos en el este de Ucrania por orden ejecutiva de Vladimir Putin. Pasaportes, certificados de nacimiento, matrícula de automóviles y otros documentos son temporalmente legales en Rusia.

En 2014 Katya tuvo que irse de su apartamento en el barrio de Kievsky de Donetsk. Ahora alquila una habitación en Moscú y sueña con conseguir una guardería para su hijo Volodya de 2 años. El pequeño vive con su abuela en Komsomolsk, un pueblo a 60 kilómetros de Donetsk. Katya consiguió su pasaporte emitido en el este en octubre de 2016 y empezó a usarlo de inmediato en Rusia: “Es un verdadero problema ir a Ucrania. Hay colas interminables, es matador….La gente empieza a hacer cola a las 5 de la mañana, y pasa allí horas escuchando los morteros muy cerca. Pero al final se quedan, porque tienen que llegar a la parte ucraniana.”

Dmitry tiene 20 años. LLegó a Moscú procedente de Donetsk y pasó varios meses en Moscú trabajando de ingeniero de telecomunicaciones. Era técnico en una de las minas de su región, pero dice que ya no hay trabajo. Asegura que la cuestión de los papeles no le interesa: “No quiero un pasaporte que solo estará en vigor temporalmente, porque lo que se ha reconocido aquí es algo transitorio, en realidad, no se nos reconoce en ninguna parte. Entonces, ¿para que sirve una cosa así?”

Hace 10 años que Valentina cruza regularmente la frontera ruso-ucraniana. Trabaja como conserje en Moscú. Al final de su mes de trabajo, vuelve a Donetsk con su hija y su nieto. Su yerno murió en el conflicto en 2014. Valentina gana unos 500 euros al mes y ayuda financieramente a los suyos. Su rostro se ilumina cuando habla de la decisión de Moscú. Su hija le dió la buena noticia por teléfono.

Kiev ha tildado el decreto de “provocación”, mientras que Moscú lo ha descrito como medida “temporal” hasta que se encuentre una “solución política” para pacificar la región. Pero para el presidente ucraniano, Petro Poroshenko, se trata de “sólo una prueba más de la ocupación rusa y de las violaciones rusas a la justicia internacional”. Para Dmitry Trounin, director del think tank global Carnegie en Moscú, la señal que envía Rusia es política y se dirige principalmente a EE.UU., Francia y Alemania: “Creo que sí que hay un aspecto humanitario, sin ninguna duda. Pero creo que para Rusia es también una cuestión política, y diría incluso que la parte política tiene más peso. Rusia envía una señal más a Occidente de que el retraso en la aplicación real de los acuerdos de Minsk podría llegar hasta el punto de convertirlos en papel mojado, y llegados a ese punto, los acontecimientos reales se desarrollarán según otro guión, y no con el previsto en Minsk.”

Pasos burocráticos similares condujeron al reconocimiento formal de Rusia de dos regiones separatistas georgianas, Osetia del sur y Abjasia después de la guerra en 2008.