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Este miércoles las urnas holandesas no sólo medirán la fuerza del populismo en Europa en este pequeño país, o cuantos votos la extrema derecha será capaz de arañar a los partidos tradicionales; también calibrarán el nivel de tolerancia de los holandeses.

Con el hundimiento del Partido Socialdemócrata holandés según las encuestas, el electorado busca una alternativa real. Y las miradas se dirigen hacia este hombre, Jesse Klaver.

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El líder de los ecologistas, una fuerza tradicionamente minoritaria en Holanda, tiene 30 años y un discurso muy europeísta y diferente al xenófobo del ‘Partido de la Libertad’ de Geert Wilders.

“Creo que seguimos siendo un país tolerante. Somos un país que cree en la libertad y una sociedad con mucha empatía. Geert Wilders está perdiendo impulso. Antes podía liderar las encuestas, pero ahora está perdiendo apoyos, cada vez más, como tiene que ser. Muchos de los que votan por Geert Wilders no son racistas, son muy tolerantes. Lo que pasa es que están preocupados por su futuro”, asegura Jesse Klaver, líder de Izquierda Verde.

Klaver, que lidera a los ecologistas desde hace menos de dos años, es hijo de un holandés de origen marroquí y una holandesa con raíces en Indonesia. Según las encuestas, ha multiplicado por cuatro el número de votos de su partido, Groenlinks, y podría alcanzar hasta un récord de 18 escaños en el Parlamento.

Para gran parte del electorado, los trabajadores son los que están pagando el coste de una coalición de centroderecha que impone recortes y reformas al Estado de bienestar.

“Creo que es popular porque es positivo, tiene energía y da esperanza al pueblo, al contrario que los partidos de la derecha”, opina un vecino en Leiden, Países Bajos.

“Creo que al Partido Socialdemócrata se le ha visto el pelo últimamente. Pienso que el PvDA (las siglas en holandés para el Partido Socialdemócrata holandés) no ha cumplido con sus promesas en esta última legislatura”, añade otro ciudadano holandés.

Klaver quiere crear nuevos impuestos verdes y abordar la desigualdad social. Sus detractores opinan que esto frenará el crecimiento y aumentará el desempleo.

Si los sondeos aciertan ningún partido alcanzará el 20% de los votos. Si cumplen sus promesas, ningún partido pactará con la ultraderecha. Y esto, sembraría el terreno para que un ecologista de 30 años con orígenes marroquíes e indonesios se pueda convertir en el primer ministro de Holanda.